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Mostrando entradas de noviembre, 2025
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  HIPNOTISMO O IDIOTISMO Los ves en el bus, metro o en cualquier cafetería o comercio, o simplemente miras por la calle y los ves caminando de manera absorta mirando en un pequeño rectángulo luminoso que llevan en sus manos. No levantan la vista, no aprecian el entorno, no parecen presentes. Y uno se pregunta: ¿miramos al móvil porque queremos o porque algo, desde dentro de él, nos ha tomado de la mano? Esta nueva forma de vida nos lleva a nuestro cuestionamiento de hoy: hipnotismo o idiotismo, ¿o ambos? Cuando hablamos de hipnotismo, no nos referimos a un mago de feria haciendo girar un péndulo, sino a una forma moderna de fascinación colectiva. La mirada fija, la postura encorvada, la desconexión del mundo real… todo encaja. Las redes sociales replican aquel mecanismo clásico: estímulos breves, repetitivos, visualmente potentes, capaces de suspender la capacidad de juicio durante minutos —o horas— sin que nos demos cuenta. En la hipnosis tradicional uno entrega la voluntad vo...
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ESTAR AHÍ “Sufría de una asma crónica y tuberculosis que le impedían respirar. Cada noche era una batalla agónica por una bocanada de aire. El sufrimiento físico era tal que el joven Lucio tomó una decisión: acabar con su vida . En la Roma antigua, el suicidio no siempre era visto como una derrota, sino a veces como una salida digna ante el sufrimiento inútil. Estaba listo. Sin embargo, en el borde de ese abismo, algo lo detuvo. No fue el miedo a morir, ni una revelación divina. Fue el pensamiento de las palabras de su padre. En sus escritos posteriores (específicamente en la Carta 78 a Lucilio), confiesa que no se detuvo por sí mismo, sino porque se dio cuenta de una verdad aterradora y hermosa: su padre, no podría soportar la pérdida. "Me ordené a mí mismo vivir," escribió. "Porque a veces, incluso vivir es un acto de valentía." Entendió que su vida no le pertenecía solo a él. Si él moría, se liberaba del dolor, pero condenaba a su padre a una muerte en v...
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La Inquebrantable Raíz: Perseverancia, Gratitud y Fe Se cuenta que, al sembrar la semilla del bambú japonés, el agricultor debe regarla y cuidarla con esmero, pero durante los primeros siete años, no ve absolutamente nada. A lo sumo, una pequeña vara insignificante. Una persona, con esos resultados, exhausta y sin pruebas, podría rendirse, creyendo que la semilla está muerta o que su esfuerzo fue en vano y abandonar la tarea asumiéndola desde el fracaso. ​ Sin embargo, en el séptimo año, el bambú comienza un crecimiento acelerado y monumental, elevándose más de treinta metros en solo seis semanas. ¿Qué sucedió durante ese largo silencio? El bambú no estaba inactivo; estaba desarrollando un sistema de raíces tan vasto y fuerte bajo tierra que sería capaz de sostener su futuro colosal. ​ La moraleja de este relato es clara: la perseverancia no es la capacidad de no caer, sino la voluntad inquebrantable de levantarse una y otra vez, incluso cuando no vemos resultados inmediatos. Para ...
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El ego digital: ¿Estamos viviendo para nosotros o para la audiencia? “Lucas era un joven tranquilo, reservado y con pocos amigos cercanos. Un día, decidió abrir una cuenta en una red social para compartir sus dibujos. Para su sorpresa, uno de sus bocetos se volvió viral y en pocas horas ganó miles de seguidores. Los “likes” y comentarios positivos le provocaron una sensación nueva: ser visto, admirado y validado . Poco a poco, Lucas dejó de dibujar lo que le gustaba y empezó a crear solo aquello que garantizara más reacciones. Cuando una publicación no tenía el éxito esperado, sentía ansiedad y frustración, como si su valor personal hubiera disminuido. Cada día, Lucas comparaba sus números con otros artistas. Si veía a alguien con más seguidores, se sentía insuficiente. Su mundo real comenzó a quedar en segundo plano: rechazaba planes con amigos para no “desaparecer” de la red. Hasta que un día, su mejor amigo le dijo: —“Lucas, extraño al Lucas que dibujaba por pasión… No al que d...
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  Cuando la Muerte Nos Recuerda Cómo Vivir Hoy celebramos el Día de Muertos. Muchos, en sus tradiciones, encienden velas, van a los cementerios y colocan flores o llenan de colores altares hechos para honrar una memoria de quienes se adelantaron en el viaje. Pero básicamente es un día que nos reúne frente a la memoria, pero también frente al espejo de nuestra propia vida. Porque al recordar a los que ya no están, inevitablemente surge una pregunta silenciosa: ¿qué estamos haciendo con el tiempo que nos toca estar aquí? Dicen que morimos dos veces: la primera, cuando exhalamos por última vez; la segunda, cuando nadie nos recuerda. Por eso esta fecha es, en esencia, un recordatorio de la fuerza del recuerdo. Quien es amado, quien es recordado, sigue viviendo de alguna manera. Y ese regalo —el de perdurar en la memoria de otro— no se recibe por casualidad, sino por cómo elegimos vivir. No hacen faltas grandes proezas ni actos heroicos para recordar desde el bien. Cada vela encen...