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  LA GUERRA PERMANENTE “Un buen día una mujer se encontró con el bien, su motivo de la visita era para plantearle una idea para mejorar la vida en la tierra. El bien la llevó a un lugar para hablar y le preguntó cuál era su idea. -Mi idea es que se siembre mayor cantidad de semillas de amistad y amor entre los humanos –dijo la mujer-para que haya menos odio y diferencias entre ellos. Dios decidió cumplir la idea que esta mujer le propuso y sembró muchas semillas más de amistad entre los hombres. Al poco tiempo las naciones dejaron de estar en guerra y la vida en el planeta mejoró. Luego de un tiempo el mal enojado al ver esto decidió sembrar más de sus propias semillas: discriminación y odio. Al tiempo otra vez volvió a ser casi todo igual. Al ver esto la mujer decidió volver a visitar a él bien, pero él no le quiso recibir porque lo que había hecho había sido en vano. Luego de insistir la mujer logró hablar con Dios y le dijo: -Haz que los hombres puedan decidir libremente entre una
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BUSCATE LA VIDA El ser humano es gregario y altamente social. Desde el comienzo de su existencia, el hombre ha tenido que aprender que su supervivencia depende de la colaboración y cooperación con otros. La práctica del ensayo y error se convirtió en los primeros métodos de aprendizaje social y de escuela de la vida. Imaginemos a nuestros padres cavernícolas buscando sobrevivir a las inclemencias de la naturaleza y el tiempo. Con sus escasos conocimientos y herramientas, actuando de manera desorganizada y bajo la necesidad perentoria del hambre y la seguridad. A más de uno se lo comerían las fieras por intentar atraparlas, hasta que, posiblemente entre todos se dieron cuenta de lo potente que sería para ellos trabajar en equipo. Provechoso aquel que se percató que podría utilizar las pieles de esas fieras y protegerse de la intemperie, convirtiéndose en el primer gran diseñador de modas.  Cuantas indigestiones se provocarían al probar diferentes hierbas, ramas y semillas, hasta encontr
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  APOSTANDO A GANADOR “Fue el cuarto de cinco hijos. Desde pequeño mantuvo una constante competición con sus hermanos, especialmente con su hermano Larry, que era considerado el atleta de la familia. Tales eran las habilidades de Larry, que él era conocido por los entrenadores como el hermano de Larry. Le encantaba el baloncesto, pero su corta estatura de solo 1,82 hacía que lo considerasen demasiado bajo para jugar en el principal equipo de la escuela. El entrenador de su hermano lo invitó a participar en un campamento de verano de baloncesto al ver su entusiasmo. A pesar de haberlo hecho muy bien en el campamento, cuando se publicó la lista del equipo principal, comprobó que finalmente su nombre no se encontraba en ella. Y aquí comenzó su camino de perseverancia. Siguiendo los consejos de su madre, decidió demostrar al entrenador su gran equivocación. Se unió al equipo junior y entrenó como nunca lo había hecho, iba cada día muy temprano a la escuela y se quedaba hasta bien avanzad
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SUFRIR JUNTOS “Julio es un trabajador del barrio del Bronx. Cada noche después del trabajo, se baja del metro una parada antes de su casa, para cenar algo en su restaurante favorito. Una noche, bajó del metro, y en el andén que estaba vacío, un joven le amenazó, pidiéndole dinero. Julio simplemente le dio su cartera y le dijo, “Aquí tienes” . Mientras el adolescente comenzaba a alejarse, Julio le gritó: “Hey, olvidas algo¡¡… Si vas a estar robándole a la gente toda la noche, necesitarás mi abrigo para no pasar frío” . El chico le miró sorprendido y le preguntó por qué estaba haciendo eso. A lo que él le contestó: “Creo que, si estás dispuesto a arriesgar tu libertad por unos cuantos dólares, realmente debes necesitar el dinero”. Entonces, le invitó a cenar. En la cena, Julio sorprendió al adolescente con su amabilidad con todo el personal del restaurante. Al final de la comida, Julio miró al chico y le dijo, “Bueno, tendrás que pagar tú, por qué tienes mi cartera”. Los dos rieron. J
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Y VAMOS DE NUEVO… Cada año, por estas fechas, comenzamos un proceso personal y muy íntimo que nos lleva a sacar balance de nuestras actuaciones en el año que acaba de terminar. Es un proceso casi inconsciente en el que, al aparecer en el horizonte la llegada del nuevo año, repasamos nuestros objetivos y planes realizados en el pasado y evaluamos su cumplimiento. Todos, aunque no lo reconozcamos de manera pública, aspiramos a algunos cambios en diferentes temas de nuestra vida, y aprovechamos estas fechas como símbolo de partida de nuestros nuevos niveles de exigencias y retos personales. Existen algunos que lo manifiestan a viva voz y preparan hasta listas de deseos y actividades que comparten con sus allegados, como compromiso simbólico de cumplimiento y disposición a implementar con la llegada del nuevo ciclo vital. Llegados a este punto, donde todo termina y comienza, viene por supuesto, el proceso de evaluación y certificación de los avances en dichos retos. Algunos (creo que m
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EL PODER DE MI SER “Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice: - ¿Qué haces Guno, tu ciego, con una lámpara en la mano? Si tu no ves. Entonces, el ciego le responde: - Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi... No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan servirse de ella. Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite” ... (P. Juan Pablo Esquivel – Aciprensa) Nuestra misión de vida es trascender. Venim
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¿NAVIDAD PARA TODOS? “Fernando Silva dirige el hospital de niños, en Managua.  En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar. Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón: se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba detrás. En la penumbra, lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedía permiso. Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano: –Decile a… –susurró el niño–. Decile a alguien, que yo estoy aquí”. (Eduardo Galeano) La navidad es para numerosas personas sinónimo de alegría y esperanza. Tal vez sin conocer a profundidad el origen de estas fechas, muchos de nosotros hacemos una mezcola