domingo, 8 de octubre de 2017

HAGAMOS COMO LOS ERIZOS

HAGAMOS COMO LOS ERIZOS

Una interesante fabula nos cuenta que, durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío. Los erizos dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos y trabajar en equipo. De esa manera se abrigarían y protegerían entre sí. Ocurrió que, las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, pero esto era justo lo que ofrecía más calor. Ante ese sufrimiento decidieron alejarse unos de otros, dejando de trabajar juntos y empezaron a morir congelados. En vista de la situación tuvieron que tomar una gran decisión, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos buscando apoyarse unos a otros. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación tan cercana les pudiese ocasionar, ya que lo más importante era el calor del otro. De esa forma lograron sobrevivir.

En la vida nos toca tomar decisiones. Muchas de ellas pueden ser incómodas y hasta dolorosas. Esto por supuesto, nos lleva muchas veces a postergar o abandonar la idea de decidir, con tal de no enfrentarnos a un sufrimiento esperado. Lo que muchas veces no vemos al tomar este tipo de evasiones, es que, el vivir en la indecisión puede ser aún más doloroso que la decisión misma. Tal vez, el sufrimiento esté en no enfrentar los hechos de manera valiente y oportuna.

En otras oportunidades nuestra indecisión se debe a falsas creencias, desinformación que sobre la situación tenemos o malas experiencias vividas en el pasado. Toda nuestra experiencia pasada y la que nos transfieren los que nos rodean influye en nuestra forma de tomar decisiones. Muchas veces replicamos lo que otros hacen o han hecho, dejando ya nuestra decisión en sus manos sin darnos cuenta.

Es hora de tomar una decisión. El futuro de nuestro país nos demanda tomar partido. No conviene seguir actuando desde la indiferencia. Podemos entender y no estar de acuerdo con muchas de las cosas que nos han pasado y de las malas decisiones que otros han tomado, perjudicando a la mayoría. Es comprensible que después de la tristeza y desesperanza vivida hace unos meses la credibilidad esté en juicio. Pero estos no son momentos de pasar factura por esos errores. Nuestra soberbia o indiferencia nos puede costar muy caro a todos.

O saltamos todos juntos o nos hundimos en colectivo. Hagamos como los erizos, que a sabiendas de que su decisión era dolorosa la asumieron para asegurar la supervivencia. Aquí nos pasa lo mismo. Podemos estar molestos por el pasado, no estar convencidos de las acciones presentes y de quienes nos representan, pero todos debemos salir con alegría y positivismo a expresar nuestra opinión y deseo: Nuestra aspiración de un cambio radical de rumbo. Sabemos que con este paso no lo lograremos, pero también estamos claros que sí nos acerca más al objetivo.

No lo des poder a quien no lo merece. Se dueño de tus propias decisiones y participa activamente en el porvenir de tu nación, tus hermanos y tu familia.

Te espero el próximo domingo.

Saludos

Arnaldo García Pérez
arnaldogarciap

arnaldogarciap.blogspot.com

domingo, 1 de octubre de 2017

DAMNIFICADOS MENTALES

DAMNIFICADOS MENTALES

Gea está molesta. Tiene un tiempo manifestando su desagrado con la forma como la tratan a través de eventos aislados en el mundo. Tormentas, deslizamientos, fuertes terremotos, volcanes y huracanes, han sido algunas de las formas que ha dispuesto para llamar la atención. Será que los humanos no estamos prestando la necesaria atención a estos alertas que nos avizoran un futuro incierto, o debemos esperar una magna catástrofe para comenzar a realizar cambios importantes en nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza.

Lo lamentable y doloroso de estas calamidades es la pérdida de vidas y la cantidad de personas que quedan indefensas y desprotegidas. Gracias a Dios, en la mayoría de los países donde se han presentado estas tragedias se cuenta en una formación consciente para el apoyo inmediato de estos casos. En la más reciente bravuconada de Gea, el terremoto de México, fue y es impresionante ver cómo la sociedad y las autoridades se dispusieron a responder de una manera eficiente para aminorar el sufrimiento de su población. Existen muchos testimonios que reportan cómo, casi en el medio del terremoto, ya las personas buscaban apoyarse entre ellas. Más aún, como muchos, una vez terminado el movimiento telúrico, en vez de buscar refugio, salieron hacia las zonas más comprometidas a ofrecer su apoyo para ganarle tiempo a la tragedia. Esto es conciencia colectiva. Es entender, desde lo más básico, la vida, cómo nosotros dependemos unos de otros y debemos desprendernos de egoísmos y ambiciones, en momentos inciertos o de calamidades.

Nosotros como sociedad debemos aprender mucho. Nos falta todavía entender el rol que como país tenemos en el continente y en el mundo. Dios nos aprovisionó de inmensas riquezas para convertirnos en modelo a seguir. No podemos continuar este esquema de miseria y mendicidad. Debemos acabar con la política que nos convierte en permanentes damnificados mentales, tras una dádiva para la supervivencia. Una política de dominación a través del hambre y la necesidad, donde es estratégico para los dominantes mantenernos incultos para así soportar su dominación.

Mientras en muchos rincones de este mundo aparecen damnificados productos de grandes tragedias naturales, nosotros los tenemos por perversidades. Gente que come o tiene una vivienda por la benevolencia de los poderosos y con esto su gran manipulación. Ignorancia a flor de piel de muchos, para provecho de pocos. Es nuestra la obligación de comenzar a cambiar este guion, que no solo viene de estas últimas décadas, sino que ha sido una práctica cotidiana en la política obsoleta. Necesitamos a un pueblo educado y con conciencia colectiva. Dotado de herramientas para desarrollar su futuro y el de otros, sin mezquindades ni recelos. Todos como hermanos trabajando para un bien común.

Así, administrando adecuadamente los recursos, una nación puede desarrollar a su gente y hacerla próspera y autosuficiente, con conciencia sustentable. Tenemos el capital necesario para rendir los mejores frutos a la humanidad. Somos ricos en inteligencia y creatividad, con un talento envidiable y una gran riqueza en recursos naturales, que debemos saber usar y conservar.

Comencemos este cambio que nos beneficiará a todos. Solo basta participar.

Gea nos lo agradecerá.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

www.arnaldogarciap.blogspot.com

domingo, 17 de septiembre de 2017

DE COMO BUGS BUNNY SALVO LA PATRIA…

DE COMO BUGS BUNNY SALVO LA PATRIA…

Vivimos en un país bizarro. Primero aclaro la definición de mi término. Si buscamos en el diccionario el significado de esta palabra, encontraremos que la misma se refiere, desde su acepción latina a alguien altivo, erguido, valiente…pero desde su deformación europea y del inglés, este término nos habla de algo extraño, estrafalario, chocante, anormal, atípico. Y a esto me refiero.

No solo somos bizarros al enaltecer los antivalores como forma de vida y convivencia. O al estimular comportamientos como la pereza, la flojera o desaplicación como forma de vida y que la dadiva y la espera sea el único vínculo con el desarrollo y el futuro. Lo somos también con las formas que adoptamos para responder a nuestras situaciones o a los resultados de los problemas que nosotros mismos nos buscamos. Desde una iguana maliciosa que se come el cableado de todo un sistema eléctrico nacional, el niño o la niña que nos quita y da el agua o la luz, hasta la flamante guerra económica que aplica como excusa para cada inverosímil situación que se nos presente.

Haciendo memoria de estos años de pesadumbre, desde su comienzo, cuando teníamos una gran holgura financiera, por los altos precios del petróleo, ya nos preparaban para los momentos de pesadumbre (o tenían una gran bola adivinadora, o era parte de un plan macabro), presentando una gran cantidad de estrategias para afrontar la estrechez financiera: hablamos de los gallineros verticales, los cultivos organopónicos y más recientemente el plan conejo.

Cada una de estas estrategias, evaluadas en su contexto original, puede ser de gran valor para responder a necesidades particulares de comunidades o países. Si tomamos como ejemplo a Japón, que es la tercera economía mayor a nivel mundial, tras los Estados Unidos y China, con sólo una extensión de territorio equivalente a los estados Bolívar y Amazonas y una población de 120 millones de habitantes, cuatro veces más que nosotros, podemos evaluar cómo este país, consciente de sus limitaciones, ha desarrollado propuestas de convivencia bajo un pensamiento holístico y en armonía con el ambiente. Tanto es de importancia estos procesos, que recientemente han convertido una antigua fábrica de Sony en una planta de cultivo interior de lechugas, un paso hacia la industrialización de la agricultura.

Son cosas serias, proyectadas y planificadas por gente seria. El mundo está en una constante evolución para responder a sus necesidades, bajo la investigación y el principio de la sustentabilidad. No se trata de darle un conejo y una gallina a una familia en una urbanización de cualquiera de nuestras ciudades. Se trata de evaluar y planificar con profesionalismo y seriedad las mejores alternativas para este pueblo.

El sueño florecerá al ver a los mejores pensadores y científicos venezolanos trabajando en serio por el futuro, sin distingos y mezquindades. Nuestro pueblo lo necesita y lo agradecerá.

Esperemos que Bugs Bunny nos ayude.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

arnaldogarciap.blogspot.com

domingo, 10 de septiembre de 2017

EL VIVO, EL LENTO Y LOS OTROS.

EL VIVO, EL LENTO Y LOS OTROS.

Dentro de las caracterizaciones de personalidad que se les hacen a los venezolanos, existen unas cuantas particularidades que resaltan y nos diferencian de nuestros hermanos latinoamericanos y radicalmente de los americanos del norte. Definitivamente, nuestra familiaridad, espíritu de lucha, creatividad y solidaridad son competencias que nos identifican y resaltan en nuestro sello. No existe ni uno solo de nosotros que no posea alguna de ellas y hay muchos que las ostentan todas. Un buen ejemplo de este tema es cuando conocemos a alguien. Solo basta el compartir algunos instantes con una persona con la que tengas sintonía, para ya apreciarlos como si fueran “hermanos de toda la vida”.

Evidentemente, estas son competencias personales importantes en nuestro accionar en sociedad. Si posees condiciones y sensibilidad para con los otros, las relaciones afloran y con ello la armonía y la productividad en equipo. Para la psicología positiva, una de las condiciones vitales para mantener el bienestar individual, se basa en contar con relaciones sociales sanas y de mutuo crecimiento. La recomendación de estos especialistas es cultivar las relaciones como parte del enriquecimiento espiritual y como una vía para fomentar el crecimiento colectivo.

Pero en el meollo de nuestra caracterización, existen otras maneras de presentarnos y hay una de ellas, a la que quiero referirme por lo marcada que está en estos tiempos. Hay una tipología de gente, que también nos representa y que he dividido y donde están: los vivos, los lentos y los otros. Los vivos, como su nombre lo indica, son esa estirpe que se cree con el derecho a todo. Para ellos no existen colas ni orden de llegada ni mucho menos el respeto a procedimientos y políticas. Son los representantes de la llamada “Viveza Criolla”, y que personifican, a través de su altanería, el poco acatamiento a las normas de relacionamiento y convivencia. Es el claro representante de “A mí no me den, pónganme donde hay”. Son los padres del bachaqueo, el cobro por ponerte en la cola, el abusar corriendo con su vehículo por el hombrillo y pare usted de contar. Son el propio reflejo de los antivalores que vivimos día a día y que nos tienen a todos de cabeza.

Por otra parte están los lentos. A ciencia cierta no sabemos quién fue primero, si el huevo o la gallina. Si los lentos son producto de los vivos o viceversa. Los lentos son esos personajes representados fielmente por aquel individuo que va a 40 por el canal rápido, que pone la luz de cruce para la derecha pero gira a la izquierda. Que saca una faja de billetes de cinco a última hora para pagar en la caja atiborrada del supermercado. Definitivamente los lentos nos matan con su parsimonia y poca empatía hacia sus congéneres. Les importa poco lo que acontece a su alrededor y el mundo gira solo para ellos. Definitivamente son un caso.

Y por último estamos los otros. Aquellos ciudadanos que solo queremos vivir en fraternidad, que buscamos el mantener relaciones armónicas con todos. Son aquellos que actúan con la asertividad a flor de piel y buscando siempre la mejora para todos. Somos una gran mayoría que a veces no se hace notar, pero que quiere vivir con y en dignidad, donde el respeto sea uno de nuestros pilares fundamentales y la concordia entre todos sea la bandera a enarbolar. Aún estamos en pie. Aún soñamos con ese país posible y cada día actuamos en consecuencia. Debemos minimizar a los vivos y los lentos. Los otros somos el pasado y el futuro de este país.
Esta nación debe ser de los otros, porque somos los que vivimos y trabajamos para algo diferente.

No perdamos nuestra esencia y gentilicio. Las futuras generaciones lo agradecerán. Seamos como los otros.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

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domingo, 3 de septiembre de 2017

MALETAS, VIAJES Y OPORTUNIDADES
Dedicado a mi hijo Arnaldo Daniel.

La vida no es una línea recta. Para alcanzar nuestro proyecto personal debemos enfrentar siempre algunos obstáculos. Dependiendo de la cuna donde se nace, habrá mayores o menores desafíos gracias a los recursos económicos que nos puedan soportar. Evidentemente, si naciste en una familia con recursos y facilidades, podrás optar a mejores alternativas a lo largo del camino, y los recursos se presentarán en mayor cantidad. Por el contrario, si las finanzas aprietan en el seno de la familia, la mengua llevará a aprender a aprovechar las oportunidades, y en muchos de los casos a una vida de sacrificios para alcanzar las metas, pero en el fondo, todos apuntamos hacia el camino del éxito.

Hoy en día, la situación general que estamos viviendo, nos hace asumir los retos y las oportunidades a todos, desde una perspectiva de mucha escasez. Con un parque productivo mermado, las oportunidades de alcanzar empleo y desarrollo se ven limitadas. Paradójicamente, el encontrar talento con nivel se ha hecho un dolor de cabeza para aquellas empresas que aún luchan por sobrevivir. Emprender una salida hacia lo desconocido parece para muchos la mejor opción de presente y futuro. Es tan grave la situación y sus perspectivas, que la gente y sobretodo los jóvenes, prefieren apostarle a lograr sus sueños, en fronteras desconocidas, a quedarse en un país incierto.

Muchos han sido los análisis de especialistas y sus recomendaciones de cómo abordar este proceso de vida. Para nosotros, los adultos, en cualquiera de sus acepciones: jóvenes adultos, adultos maduros, adultos mayores, el cambio definitivamente es radical. No es lo mismo arrancar de la nada, en cualquier rincón del mundo teniendo 25 años que 40, 50 o 60. Por más preparado que usted se vaya profesionalmente, en la gran mayoría de los casos y países, usted vale cero, y esta valoración tan lamentable nos hace requerir muchas competencias de sobrevivencia.

Con los jóvenes es diferente. Su fuerza y energía vital, los lleva a vivir esta aventura desde una perspectiva de emoción por lo desconocido, y los alimenta la visión de un futuro mejor. Su lozanía y su espíritu de libertad los inspira para realizar cualquier oficio o tarea, por más radical que parezca. Solo el hecho de pensar, que con un verdadero proyecto de vida, puedan en un futuro mediato contar con un trabajo legal, estudiar de nuevo y buscar su verdadera independencia, tal vez llegando a adquirir su propio vehículo y vivienda, es una enorme ganancia. Esa visión de un mañana mejor, gracias a su esfuerzo, valorado por una sociedad que permita, a través de sus libertades, el desarrollo individual, generará en cada uno de ellos la llama de la pasión por lo que hagan y los llevará a alcanzar el éxito en su justa medida.

Esa estampida masiva nos deja en desaliento y desesperanza, pero hay que entenderla y aceptarla. O por lo menos, respetarla. Evidentemente los que seguimos aquí debemos trabajar duro, para que, llegado el momento, aportemos lo mejor de cada uno en la reconstrucción.  Pero además, tengo la firme convicción, que llegado ese momento, muchos de ellos también regresarán a aportar el fruto de sus experiencias y ese valor agregado nos hará una mejor sociedad.

Con su salida, estamos invirtiendo en un mejor país para el futuro.

Muchachos, adelante y éxitos.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap
Arnaldogarciap.blogspot.com


domingo, 27 de agosto de 2017

Y PARA ELLOS QUE?

Y PARA ELLOS QUE?

Que estamos viviendo tiempos inimaginables, no es un secreto para nadie. Como sociedad, estamos pasando por una de las pruebas más duras en nuestra historia. Cada generación en su orden, puede delimitar, en su justa medida la magnitud de lo vivido. Para nosotros, el escenario que se nos presenta es inédito y como tal, nos cuesta reaccionar ante él.

Imagínese si usted, que tal vez tenga mejores y mayores recursos intelectuales, técnicos y financieros, está en una incertidumbre permanente con cada situación que se presenta, y que no son aisladas, sino permanentes y en ocasiones diarias, cómo le irá a una gran mayoría que está en una desventaja marcada. Tal vez no haga falta salir a la calle y mirar los escenarios deprimentes de gente comiendo basura de la calle y haciendo enormes colas de sufrimiento. En muchos casos basta con voltear hacia nuestra propia familia y encontrar gente que no entiende lo que pasa, no puede reaccionar ante ello y tiene enormes dificultades económicas para sobrevivirla. Me refiero a nuestros adultos mayores, en especial nuestros padres y abuelos.

La solidaridad es uno de los valores universales de la humanidad. Es esa muestra de apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles. La solidaridad ha sido, desde nuestros inicios como sociedad, uno de nuestros pilares característicos. Es parte de nuestro ADN. Si algo identifica al venezolano son esas muestras de real interés por los otros. Lo vemos en cualquier relación que encontremos; los niños compartiendo sus cosas en el colegio, los compañeros de trabajo colaborando en “vacas” para asistir a quien lo necesite, todo un pueblo reaccionando en los casos catastróficos internos o externos y aportando lo más mínimo. Somos un pueblo generoso, donde no nos importa comer menos, con tal de compartir con el necesitado.

En el caso del apoyo que debemos brindar a nuestros adultos mayores, particularmente tengo sentimientos encontrados entre la solidaridad y la gratitud. Creo fervientemente que en principio debemos ser agradecidos con la vida y con esos seres que nos brindaron, con mayor o menor intensidad su apoyo. Es doloroso ver como existen abuelos abandonados a su propio destino. Conozco de experiencias de hijos que dejan “depositados” en ancianatos a sus padres, con la promesa de cuidarlos y apoyarlos desde la distancia para luego no aparecer nunca más. Hijos, con recursos económicos que sólo se prestan para enviar una remesa que lava conciencia, pero carente de afecto y amor. Otros, bajo la excusa de sus limitaciones económicas, ni aportan ni ayudan y mucho menos respaldan a sus padres y abuelos en estos momentos tan difíciles.

Esa es una parada del camino a donde todos vamos a llegar. Un puerto donde atracaremos en algún momento con nuestras naves cansadas. Piensa que en un futuro el karma puede cobrar su deuda con la vida. Necesitamos ciudadanos sensibles para sí y para los otros. Siempre habrá un tiempo, un recurso, una oportunidad para una visita, una llamada o maravillosamente para una temporada que alegre y estimule el espíritu de esas personas que sencillamente se lo merecen.

Lo más sencillo e impactante es una genuina demostración de afecto.
No lo dejes para después. El momento es ahora.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

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domingo, 20 de agosto de 2017

CON ESTA ANGUSTIA…COMO VIVO?

CON ESTA ANGUSTIA…COMO VIVO?

Revisando bibliografía en internet, me topé con un breve cuento que me pareció interesante para arrancar este tema: “Un ratoncito estaba angustiado porque tenía miedo al gato. Un mago se compadeció de él y lo convirtió en gato. Pero entonces resulta que el gato empezó a sentir miedo al perro, motivo por el cual el mago lo convirtió en perro. Una vez perro, empezó a sentir miedo de la pantera y el mago lo convirtió en pantera. Por este motivo empezó a temer al cazador. Llegados a este punto el mago se dio por vencido y dijo: Nada de lo que haga por ti te va a ser de ayuda porque siempre tendrás corazón de ratón”.

Así nos comportamos muchas veces ante las angustias, esas emociones negativas que se convierten en estados de intranquilidad y que afectan nuestros comportamientos, relaciones y nuestra salud. Las angustias se producen cuando pensamos que algo desagradable o amenazante puede ponernos en peligro, en un marco que parece inevitable. Hoy día, estamos inmersos en sentimientos de desesperanza y frustraciones producto de una serie de eventos que, provocados o no, reales o fantasiosos, nos perturban en el día a día. La mayoría de la población “se desinfló”, luego que no se dieran los eventos esperados y se fortalecieran escenarios negativos para las aspiraciones colectivas. Ahora reina la rabia, la desesperanza y el miedo. Estamos frágiles ante los manipuladores. Cualquiera que tenga herramientas e intenciones, puede influenciar y acrecentar ese negativismo, solo con atizar el fuego de esa angustia.

Pero las preguntas relevantes en este dilema son: Estamos en la capacidad real, cada uno de nosotros de resolver esta situación desde un accionar individual?, con nuestra actitud negativa podremos resolver o reversar los acontecimientos que se desarrollan a diario?  Afectando nuestra salud mental y física, producto de la angustia y la tristeza, logramos algún cambio en el entorno? la respuesta definitiva es NO, y por lo tanto debemos comenzar por entender, que aquellos factores que no podemos controlar, nos pueden perturbar, pero jamás afectar de manera que cambie o transforme nuestro accionar. El miedo, la angustia, la desesperanza paralizan, y en ese estado, es poco el avance que podemos tener y el cambio que podemos realizar.

Debemos comenzar por reconocer factores internos y externos. Que cosas dependen de mí y cuales, por más que me molesten, no puede modificar. Allí está el quid. Puedo alterar y mejorar lo que domino, sin embargo, los otros aspectos los reconozco, me molestan, pero no dejo que me afecten ni en mí accionar, ni en mis emociones, ni en mi salud.

El Dalái Lama ha dicho que la causa de nuestra infelicidad suelen ser nuestras emociones. El Buda enseña que de alguna manera todos estamos heridos por la flecha de las emociones negativas y debemos atendernos urgentemente. "Vemos la mente como una casa, así que si tu casa está incendiándose, debes primero ocuparte del fuego, no ir a buscar a la persona que causó el fuego". "Primero ocúpate de esas emociones, porque todo lo que viene de un lugar de miedo y ansiedad y enojo sólo hará peor el incendio. Regresa y encuentra un lugar de calma y paz para apaciguar la flama de las emociones", dice Phap Dung.

La clave está en dos acciones: Agradecer y Reconocer. Agradecer a Dios todo lo que tienes, así sea poco, y reconocer las fortalezas que posees y con ellas tus opciones para el cambio. Al agradecer y reconocer, encontrarás la alegría y el optimismo necesario para emprender cualquier camino. Lo esencial es buscar calmar la mente como prioridad y evitar incrementar con nuestro propio fuego emocional el incendio en el que estamos metidos.

Reconoce tu corazón y no habrá angustia que te perturbe.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap
arnaldogarciap.blogspot.com