domingo, 18 de marzo de 2018

MAS QUE GENIALIDAD…PERSEVERANCIA.


MAS QUE GENIALIDAD…PERSEVERANCIA.

"La víctima debe tener el derecho de poner fin a su vida, si así lo quiere. Pero creo que sería un gran error. Por mala que la vida pueda parecer, siempre hay algo por hacerse, y tener éxito en ello. Mientras hay vida, hay esperanza" Stephen Hawking.

Fue uno de los físicos más importantes en la historia, comparado en popularidad con Einstein. Preparó teorías revolucionarias en conceptos poco conocidos para nosotros los comunes, pero que lo llevaron a manejar un prestigio importante por su profundidad de pensamiento. Se empeñó en buscar medios para masificar sus conocimientos y escribió libros con ese noble objetivo de llevar la ciencia a la comunidad. Estas son ya credenciales que lo catapultan a una dimensión diferente del resto y lo llevan a la inmortalidad. Sin embargo, hay una lección en su vida más importante o tan importante como estas.
A tan solo veintiún años de vida y después de haberse graduado de matemático y físico en la Universidad de Oxford, fue diagnosticado con una enfermedad terrible: ELA, Esclerosis lateral amiotrofica, padecimiento por el cual le diagnosticaron pocos años de vida y que lo llevaron a un deterioro prolongado. Primero la inmovilidad de sus extremidades lo llevó a depender de una silla de ruedas; después la parálisis se extendió a casi todo su cuerpo; en 1985 contrajo una neumonía que obligó a los médicos a practicarle una traqueotomía, tras lo cual perdió completamente el habla. A partir de entonces sólo pudo comunicarse mediante un sintetizador conectado a su silla.

Pero ni siquiera eso lo desmoralizó, escribió varios libros y siguió publicando artículos e impartiendo conferencias hasta el final de sus días, demostrando más que genialidad, perseverancia, una fuerza inescrutable que le permitía sobreponerse a las limitaciones y demostrar, en cada uno de sus años de vida, un enorme espíritu de lucha y una pasión y energía que lo llevaron a vivir, lo que él llamó una vida normal, casándose en un par de oportunidades y dejando hijos para la posteridad.

Esta es una de las lecciones importantes que podemos aprender de su experiencia. Cuantos de nosotros nos ahogamos, paralizamos y frustramos por pequeñas trabas en nuestra vida? Cuantos nos limitamos en nuestro accionar por padecer alguna enfermedad o dolencia que tal vez no es ni restrictiva? Cuantos nos creemos perdidos y sin esperanza de mejora por la pérdida de un trabajo, una relación o la situación del país?.

La vida puede ser dura para muchos de nosotros, sin embargo, es importante mirar a nuestro alrededor y evaluar cómo otros seres responden a iguales o peores circunstancias. Rescatemos de cada experiencia el aprendizaje que nos permita buscar las mejores opciones de respuesta. Todos tenemos herramientas con las que responder a las adversidades. Dependerá de la perspectiva con las que las enfrentemos, el resultado que podemos obtener. El ánimo y la pasión con las que vivamos nos ayudarán a encontrar los caminos. No podemos ahogarnos en un vaso de agua, mientras otros nadan en aguas profundas y alcanzan la orilla.

Tienes la capacidad de resolver. Las limitaciones sólo están en nuestra mente.

Como dijo Hawking, “Si hay vida, hay esperanza”

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap
arnaldogarciap.blogspot.com

domingo, 11 de marzo de 2018

EN MI HUMILDE OPINIÓN…


EN MI HUMILDE OPINIÓN…

“Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de su esposa, cuando vio a un hombre chino, poniendo un plato con arroz en la tumba vecina. El hombre se dirigió al chino y le preguntó: disculpe señor, de verdad cree usted que el difunto viene a comer el arroz? Si, responde el chino, cuando el suyo venga a oler sus flores”.

Somos fáciles para cuestionar a otros. En la mayoría de nuestros intercambios relacionales, estamos permanentemente sometiendo las situaciones al ojo crítico de nuestra opinión. Muchas veces esta es complaciente con la situación, pero en otras somos adversos a las mismas. Evidentemente, nuestra forma de percibir las cosas y valorarlas tiene mucho que ver con nuestra formación y cultura. De cómo fuimos formados, nuestras creencias y principios, se despenden nuestros criterios y con ellos nuestros mecanismos regulatorios y censores de las circunstancias. Podemos estar o no de acuerdo con las cosas que ocurren o como la gente actúa ante las situaciones, el problema está en cómo lo decimos y nos comportamos ante los demás por sus acciones.

Siempre es importante manifestar nuestra opinión sincera, aún más, cuando las personas pueden necesitarlo, es cuando más debemos ser firmes en nuestros criterios y opiniones. Pero esto no debe verse afectado por la forma. La asertividad nos brinda la oportunidad de ser firmes en nuestros pensamientos y respetuosos en la forma de expresarlos. Aquí está la clave de muchas relaciones comprometidas y deterioradas. Puedo estar en desacuerdo, pero esto no me da pie ni aval para maltratar con mi opinión al otro. Tengo la obligación de expresar mi opinión, sin afectar el sentimiento ajeno.

En las relaciones laborales se ve con frecuencia cuando a esto le sumamos jerarquía organizacional. Ya no solo importa la opinión, sino que si eres el jefe puedes decirla de la manera más lastimosa y malogrando la autoestima ajena. En las relaciones de pareja pasa otro tanto, cuando no importa el contenido sino que el que se cree con la verdad asume una postura de maltrato o burla, descalificando la opinión del otro. Y no se hable de las relaciones padres hijos, donde la supuesta sabiduría de la paternidad da patente para maltratar al otro de una manera descalificatoria.
Allí se crean los abismos relacionales que poco a poco se hacen inabordables dañando la confianza y la credibilidad en el poder de la opinión.

Podemos tener posiciones encontradas. Mi visión de las situaciones en completamente diferente a la tuya, pero siempre debemos localizar puntos de encuentro que nos permitan dar y recibir esos consejos valiosos, no desde la crítica, sino desde la experiencia que se convierte en aprendizaje. Esto garantizará la receptividad del mismo de una manera poderosa y que permanecerá en el tiempo como una enseñanza.

Debemos estar atentos a la forma. Considerados en cómo cuestionamos y como aportamos nuestras ideas. Si usted piensa que tiene la razón, la fuerza no es la vía. Es el entendimiento y la comprensión lo que lo acercará al otro para aportarle su idea.

Antes de hablar…tómese unos segundos para pensar y buscar la mejor forma.

Sea asertivo.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap
arnaldogarciap.blogspot.com


domingo, 4 de marzo de 2018

SEÑOR… DEME ALGO


SEÑOR… DEME ALGO

Son como hormigas, se les encuentra en grupos en diferentes lugares: Los semáforos, las estaciones de servicio, las farmacias, los supermercados y por supuesto, los sitios de comida. Han proliferado con el aumento de esta crisis por todos lados. Hombres y mujeres, de escasos recursos, buscan a través de la ayuda del otro, paliar sus necesidades básicas a través del auxilio.

No quiero entrar en honduras sobre las razones de ello. Definitivamente hay un tema de Estado, a través de los gobiernos de turno, producto de la poca o nula formación que disminuye las opciones de la gente, al no “conocer” herramientas diferentes por falta de educación. También podríamos acusar a una falta de motivación y deseo individual de superación, que los hace inertes ante sus situaciones y se conforman con las dádivas. Creo que existen muchos factores.

Esta situación de mendicidad y pobreza es inaceptable para cualquier país, y mucho menos para uno que cuente con excelentes recursos naturales que generan riquezas incalculables. Esta pobreza crítica, que va en aumento, lleva la situación a incorporar elementos nunca antes visto en nuestro país. Es allí cuando entra en escena el montaje más dramático y perverso que jamás habíamos visto, como lo es la mendicidad infantil. Desde hace ya un tiempo, una oleada de niños en condiciones de indigencia se han apoderado de las ciudades. Es doloroso ver, como cada día, aumentan los menores en situación de abandono. No se trata solo de adolescentes. Estamos hablando de niños muy pequeños, criaturas de edades entre 5 y 7 años, que viven solos en la calle. O en lo mejor de los casos, en manadas donde se protegen como familia, en busca de comida.

Niños que deberían estar protegidos en sus casas, bajo el calor de una familia, pensando solo en despertar sus sueños de futuro, tienen que enfrentarse a una dura realidad no apta para ellos. Solos y desprotegidos, deben asumir su responsabilidad de vida sin ningún elemento que los apoye, y viviendo la vida bajo un sentido de grandes distorsiones. Las preguntas que podríamos hacernos es: sobrevivirán a esa experiencia? Que quedará de ese ser humano, cuando una vez curtido por las tragedias, se haga hombre?

Entendemos que existen muchos responsables de esta tragedia. Desde un Gobierno demagogo que solo utiliza la promesa de cambio como una consigna. Que prometió desaparecer este flagelo y convertir edificios gubernamentales en guarderías para niños desprotegidos y solo ha provocado su incremento, hasta padres irresponsables que abandonan a sus hijos sin importarles su destino inmediato. Estos son responsables y debemos demandarles soluciones.

Pero mientras esto ocurre, el problema nos sobrepasa a todos y nos obliga a buscar fórmulas en conjunto. Debemos entre nosotros despertar la Compasión. Existen organizaciones y personas que dan su tiempo y esfuerzo para apoyarlos. Tenemos el deber de colaborar. Compartir lo que tenemos. Revisar ropa, comida, utensilios que ya no utilicemos y donarlo a esas instituciones. Siempre tenemos algo que podemos dar.
Otra vía es el aporte directo. Recuerdo a una gran amiga, psicólogo social, que siempre me decía “nunca le des dinero a estas personas, porque la experiencia nos dicta que lo utilizan inadecuadamente”. Entonces, cuando los veas en la calle no los rechaces. No les des dinero pero si comparte con ellos comprándole algo de comida. Son niños que lo necesitan y debemos demostrarles que el mundo no es tan perverso y que hay oportunidades de cambio.

La compasión es la vía.

“En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes”. 1 Pedro 3:8

Saludos

Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap
Arnaldogarciap.blogspot.com

sábado, 20 de enero de 2018

LA UNIDAD SOY YO…

LA UNIDAD SOY YO…

Había una vez un viejo granjero que vivía en un pueblo y que tenía cuatro hijos. El viejo granjero trabajaba muy duro, pero sus hijos no le ayudaban o incluso no se ayudaban entre sí. Todos eran muy egoístas y solo trataban de hacer lo que era mejor para cada uno. Los hijos del granjero nunca podían ponerse de acuerdo en ninguna cosa. Si uno decía hacia la izquierda, el otro decía derecha.

El agricultor esperaba que con el pasar de los años sus hijos cambiaran su comportamiento, pero sólo se volvieron más egoístas e individualistas y seguían sin respetarse unos a otros. El campesino decidió que tenía que hacer algo porque amaba mucho a sus hijos, así que decidió darles una lección. Llamó a sus cuatro hijos y les presentó un manojo de palos que estaban atados con una cuerda. Luego llamó a su hijo mayor y le dijo: “Puedes intentar romper el manojo de palos?”, el hijo mayor trato y trató y no pudo romperlo. Luego llamó a cada uno de sus hijos y les pidió lo mismo. Cada uno de ellos hizo su mejor esfuerzo para ver si lograba hacer lo que sus hermanos no pudieron, pero ninguno tuvo éxito.

El granjero miró a sus hijos cansados y sudorosos y pidió a uno de ellos que desatara el manojo. Luego le pidió a cada uno romper los palos individualmente. Ahora cada uno logró hacerlo con bastante facilidad. “Ven”, dijo el viejo granjero, “Ustedes son como los palos. Si están unidos nadie podrá romperlos, pero si se separan, los romperán uno a uno. Los hijos del granjero aprendieron su lección, se convirtieron en los mejores amigos y nunca discutieron de nuevo.

La Unidad es la propiedad que tienen las cosas de no poder dividirse ni fragmentarse sin alterarse o destruirse. El océano es una enorme unidad compuesta por muchos mares y estos por inmensas corrientes compuestas de millones de gotas que en su contacto se transforman y vuelven a su esencia. Si las gotas de esos mares se contaminan, aunque sean unas pocas, comenzarán a intoxicar a las otras hasta dañar al enorme océano.

Como parte de nuestra socialización, las personas necesitamos interactuar con los otros y en esa relación nace la necesidad de compartir objetivos. Allí se forman los equipos. Cuando integras un equipo ya tu individualidad pasa a un segundo plano. El objetivo principal es el bienestar colectivo y las actividades del equipo pasan a tener un interés mayor. Y esa es la base de la sociedad. Todos tenemos tareas que ejecutar y en la sincronía de nuestras funciones estará el desarrollo de cada uno de manera individual, las empresas, los pueblos, las ciudades y el país.

No pueden existir egoísmos cuando hablamos de unidad. Podemos tener visiones diferentes, pero el compromiso con el todo, nos obliga a encontrar caminos para la concordia y el entendimiento. Debemos desprendernos del egoísmo y la crítica malsana para allanar caminos de comprensión y sentido de unión. El esfuerzo mayor está orientado hacia el fin último del bienestar colectivo y este es la mejor y mayor obligación de todos los miembros de esa unidad. Si queremos hacer algo que valga la pena, tenemos que estar todos juntos.

Yo soy la unidad. Todos somos la unidad. Al entender nuestra misión podremos comenzar a caminar juntos.

Y juntos somos invencibles.

Saludos

Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

arnaldogarciap.blogspot.com

domingo, 14 de enero de 2018

POBRE DE LOS OTROS…

POBRE DE LOS OTROS…

Un hombre que tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte.
Un día visitó un museo con algunos amigos. Se le olvidaron las gafas en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo de ventilar sus fuertes opiniones.
Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo:
– El marco es completamente inadecuado para el cuadro. – El hombre está vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. – En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. – Es una falta de respeto.
El hombre siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja: – Querido, – ¡estás mirando un espejo!

Muchas veces nuestra arrogancia y soberbia nos impiden ver más que la propia miopía.

Los seres humanos somos complicados. No por naturaleza o genética, sino por la manera como nos comportamos con los otros, producto de nuestras crianzas y aprendizajes sociales. Muchas veces somos nosotros mismos los que construimos murallas en nuestras relaciones y en ocasiones es producto de nuestra arrogancia. En un mundo lleno de desigualdades, muchos pretenden sacar provecho de alguna ventaja que posean o que imaginan tener (mejores recursos económicos, posiciones sociales, atributos físicos, etc.), presumiéndola de manera jactanciosa, despreciando a los que no las posean y creando una barrera relacional.
Se llama arrogante a una persona que carece de humildad, o que se siente o se cree superior a los demás. Es un adjetivo usado para expresar una característica negativa o un defecto de la personalidad de un individuo. En internet encontramos que la palabra etimológicamente viene de Arrogare, en latín, que quiere decir apropiarse y de ahí el verbo arrogar. Arrogante es alguien que toma honores o exagera de sus facultades mentales.

Para ser arrogante no hace falta tener con qué. Conozco personas que lo son, tan solo con imaginarse o creerse mejor que los demás. En esta cultura de antivalores que vivimos actualmente, estamos permanentemente expuestos a la arrogancia. Ejemplos nos sobran; como cuando escuchas a los dirigentes del gobierno decir que “todo está normal” o que “somos potencia en salud pública”, o cuando nuestro presidente se burla irónicamente de la gente repitiendo que no existe crisis económica o los negociadores del lado del gobierno que comienzan su proceso con una descalificación de los otros. Estos son evidentes ejemplos de arrogancia de alguien que exagera lo que no tiene.

Debemos combatir ese antivalor. Somos más poderosos con nuestra humildad y modestia. No tiene nada que ver con dejar de reconocer nuestras bondades y potenciar nuestra autoestima. Lo importante es que reconozcamos quienes somos y si tenemos competencias o cualidades mayores que las otras personas, no nos apalanquemos sobre ellos, sino que con estas fortalezas ayudemos al resto a crecer y prosperar. Aprovechemos nuestras bondades en función colectiva y pensemos en un desarrollo de todos, como parte de nuestra misión en la vida.

“Grande es aquel que para brillar no necesita apagar la luz de los demás” Anónimo.

Saludos

Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap
arnaldogarciap.blogspot.com





domingo, 24 de diciembre de 2017

COMPARTIR ESPERANZA

COMPARTIR ESPERANZA

Una historia nos cuenta que en la ladera de una montaña había una fuente conocida por todos como la fuente de la Esperanza. Todo aquel que estaba deprimido o desanimado por alguna dificultad, bastara con que bebiera un poco de aquella agua para llenarse de esperanza y tener fuerzas para superar su dificultad por imposible que pareciera.

Pero un día la fuente se secó y ya no pudieron beber su agua. Esto fue catastrófico. El desánimo y la desesperanza se apoderó de todos. Dejaron de estar alegres y se volvieron terriblemente pesimistas. Sólo hubo un niño que no perdió la Esperanza. Todas las mañanas acudía a la fuente esperando que volviera a caer el agua. Todos los días, semana tras semana, no dejó de ir a la fuente. Una mañana de tantas, cuando todo parecía perdido, el niño vio con sorpresa que de la fuente iba a caer una gota de agua. Era la última gota de esperanza que quedaba. A toda prisa puso su mano para recogerla y se fue entusiasmado a enseñársela a todos. Pero nadie le hizo caso. Le dijeron que la tirara donde quisiera porque ya no había nada que hacer. La esperanza estaba perdida sin remedio. El pobre niño se marchó muy triste y desanimado. Así que fue al pozo de donde bebían todos y tiró allí su gota de agua. Sin embargo, aquella gota de agua tenía la Esperanza tan concentrada en su interior, que cuando se mezcló con el agua del pozo, hizo que todo el que bebiera se contagiara de esperanza. Al día siguiente, cuando todos bebieron de aquella agua, quedaron nuevamente llenos de esperanza…

Estamos viviendo el período más oscuro de nuestra historia. No existe en nuestro recuerdo a mediana o larga data una etapa tan negativa como la actual. Todos, sin importar la clase social, vivimos en una constante zozobra que nos lleva en una sensación de caída libre y sin control que solo nos hace esperar el duro golpe contra el piso que nos hará desfallecer. Tristeza, desconsuelo, angustia, desesperanza son nuestras emociones cotidianas. Pareciera que todo está perdido, o eso es lo que pretenden hacernos pensar.

No podemos negar nuestras realidades y que debemos armarnos de coraje para sobrellevar esta situación. Pero esto tendrá que acabar y allí será nuestro momento. Debemos ya pensar en lo duro que será rescatar nuestros elementos más básicos para retomar el camino. Una vez terminada la pesadilla, nos tocará trabajar mucho más rigurosos para recomenzar. Pero tenemos una enorme ventaja competitiva, somos gente valiosa y de principios, con excelentes capacidades intelectuales y una enorme creatividad que nos ayudará a desarrollar mejores opciones de futuro. No volveremos a ser el país de antes, ni debemos tener eso como meta. Debemos proyectarnos en ser un país diferente, que aprenda de sus errores y que con una pasión innegable se dedique a responder a las miserias de los más necesitados, sin politiquería y demagogia. Solo con un sentimiento genuino que nos lleve a ser ese país que todos soñamos.

Todos los días nos tropezamos con el niño del cuento y su Esperanza de futuro, en la cara de todos los optimistas y convencidos que avizoran un país mejor. Muchos llevan en sus manos esas últimas gotas de ESPERANZA con la ferviente ilusión de esparcirlas entre nosotros para rescatar nuestro mañana y porvenir. No podemos perder la Fe. Debemos combatir la desesperanza con optimismo y alegría. Vivamos en la firme creencia de que saldremos adelante.

Feliz Navidad para todos y que DIOS nos regale sus BENDICIONES para crear entre todos un nuevo país.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

arnaldogarciap.blogspot.com 

domingo, 17 de diciembre de 2017

SUELTA LA SOGA…

SUELTA LA SOGA

Cuentan que un alpinista se preparó durante varios años para conquistar el Aconcagua. Su desesperación por la proeza era tal que, conociendo todos los riesgos, inició su travesía sin compañeros, en busca de la gloria sólo para él. En su terquedad subió la montaña sin descansar porque pretendía llegar a la cima el mismo día. Empezó a subir y el día fue avanzando, se fue haciendo tarde y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo para llegar a la cima ese mismo día. Pronto oscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña y ya no se podía ver absolutamente nada. Subiendo por un acantilado, a unos cien metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires. Caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y tenía la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo...y en esos angustiantes momentos, pasaron por su mente todos los gratos y no tan gratos momentos de su vida, pensaba que iba a morir, pero de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos… En esos momentos de quietud, suspendido por los aires sin ver absolutamente nada en medio de la terrible oscuridad, no le quedo más que gritar: "¡Ayúdame Dios mío, ayúdame Dios mío!". De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó: "¿Qué quieres que haga?" Él respondió: "Sálvame, Dios mío". Dios le preguntó: "¿Realmente crees que yo te puedo salvar?" "Por supuesto, Dios mío", respondió. "Entonces, corta la cuerda que te sostiene", dijo Dios. Siguió un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y se puso a pensar sobre la propuesta de Dios... Al día siguiente, el equipo de rescate que llegó en su búsqueda, lo encontró muerto, congelado, agarrado con fuerza, con las dos manos a la cuerda, colgado a sólo DOS METROS DEL SUELO... El alpinista no fue capaz de cortar la cuerda y simplemente confiar en Dios.

La confianza es uno de los valores fundamentales en los pilares de nuestras vidas y sus relaciones. En primer término, la confianza es intrínseca, lo que quiere decir que la primera relación de confianza debe nacer con nosotros mismos. Esto nos obliga a conocernos y saber de nuestras potencialidades para estar seguros de poder abordar nuestros retos de manera segura. Saber quiénes somos y de qué somos capaces nos ayudará a entendernos mejor, ya que de este análisis de nuestras cualidades aprenderemos a reconocer aspectos donde no somos tan diestros y necesitamos el apoyo y la colaboración de otros. Aquí nace el vínculo de la confianza hacia los otros.

Muchas veces somos soberbios y arrogantes porque pensamos que estamos en capacidad de solucionar nuestros problemas sólo con los recursos que poseemos. Lo vemos en padres dominantes y controladores que creen saber todas las respuestas a las preocupaciones de sus hijos, en jefes engolosinados con el poder que no oyen recomendaciones y sugerencias de sus colaboradores por creerse dueños de la verdad, en hijos despectivos y altivos que no entienden que sus padres tienen algo de experiencia que puede beneficiarlos, en empresarios humillantes y ofensivos con sus empleados, que solo infunden miedo y terror en sus trabajadores y que no confían en nadie, pese a poder tener experiencias positivas.

Debemos aprender a confiar. El ser humano por esencia es sociable y necesita de los otros para sobrevivir. No podemos ni sabemos resolverlo todo de manera individual. Nuestras acciones siempre impactan a otros. Las relaciones deben basarse en el respeto y la confianza. Dios pone a otros en nuestros caminos para que nos sirvan de apoyo.

Con tranquilidad…suéltate de la soga y déjate ayudar.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap
arnaldogarciap.blogspot.com