domingo, 10 de diciembre de 2017

SE NOS PASA EL TREN.

SE NOS PASA EL TREN.
Hay una creencia popular que dice que “el tren pasa por nuestra vida en una sola oportunidad y el que la pierde fracasa”. El tren pasa para los estudios, para los trabajos, para las parejas, para los negocios…en cada una de esas etapas de vida, debemos tomar decisiones que se simbolizan cuando abordamos el tren. Esto, evidentemente se refiere a las ocasiones que tenemos para emprender nuestras decisiones de vida y en las que, en muchas oportunidades nos paralizamos o simplemente tomamos una decisión equivocada.

Pareciera que nacemos para la perfección. Cuando nos dicen que Dios nos hizo a su imagen y semejanza, nos endosan un enorme poder que nos hace inmaculados y creados para realizar cada acto con la certeza de su resultado. Nada más alejado de la realidad. También Dios nos da la opción del libre albedrío, poniéndonos en posición de tomar nuestras propias decisiones y con ellas la ocasión de equivocarnos.

En nuestras relaciones sociales la gente comprende que todo el mundo tiene derecho a equivocarse, y también a rectificar. Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad, a todos se nos debe dar la oportunidad de reconocer errores e intentar reconducir nuestras decisiones. Esta es, tal vez, una de las situaciones más difíciles para nosotros. Es difícil ponerse frente al espejo y reunir la dosis necesaria de autocrítica para reconocer las virtudes y defectos propios. Esta autoevaluación, debe estar hecha desde la más profunda de nuestra honestidad. Todos sabemos y reconocemos en el fondo nuestros defectos, pero lo más difícil es enfrentarlos ante los otros.  Una vez identificados y concientizados, tenemos la oportunidad de comenzar a trabajarlos para la mejora, y con ello, estimularnos a accionar para tomar excelentes decisiones. No todas las personas aprendemos de la misma manera, ni todas plantearemos las mismas exigencias y las mismas necesidades. Cada quien conoce cuáles son sus capacidades y en base a ello entender el tren que debe abordar.

Hay que plantear la necesidad de flexibilidad y adaptación reconociendo las condiciones del ambiente. También, y de cara al otro, debemos entender sus situaciones y abrirnos a dar segundas y terceras oportunidades. Muchas veces el rencor y la rabia nos ciegan y no estamos en la capacidad de comprender la equivocación de los otros. Nuestra soberbia no nos permite abrirnos a extender la mano y volver al camino a intentarlo de nuevo.

Fracasar e intentar ha sido la experiencia exitosa de mucha gente. Pero en esos momentos de fracasos necesitamos el apoyo de nuestros seres queridos y de aquellas personas que nos conocen y saben de nuestra naturaleza. Es fácil señalar el fracaso de otros y sus malas decisiones sin anteponer un análisis objetivo de sus realidades. Debemos comprender y ser empáticos con los demás, ya que en esta rueda de la vida nunca sabremos cuando deberán serlo con nosotros mismos.

Nos vamos a equivocar en muchas de nuestras decisiones de vida pero debemos tener la certeza que eso no será el final. Podemos levantarnos e intentarlo una y otra vez, ya que todos tenemos el derecho a equivocarnos y el resto el deber de entendernos y brindarnos la oportunidad de corregir.

Se nos pasa el tren, pero nos quedan nuestras piernas para hacer el recorrido a pie.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

Arnaldogarciap.blogspot.com

domingo, 3 de diciembre de 2017

DALE VUELTA A LA TORTILLA

DALE VUELTA A LA TORTILLA

Por las redes sociales circula un video, hecho por un programa español, donde participan una serie de actores y que con una sencilla canción nos invitan a ver la vida de otra manera. Básicamente el mensaje central nos lleva a que, ante situaciones adversas asumamos acciones diferentes.

“Dale la vuelta a la tortilla si estas quemado con la vida” es parte del estribillo de esta canción. Divertida y poderosa alegoría de nuestras realidades del día a día, recomendándonos no quedarnos enganchados en esas situaciones negativas y “dar la vuelta” para comenzar de nuevo, buscando en todo momento resolver las condiciones y quedar en posición ventajosa ante ellas.

A veces, el pesimismo nos desborda y solo vemos ante nosotros un horizonte gris y turbio. Tal vez no es nuestra imaginación, sino que las realidades se presentan de esa manera y es imposible escapar a ellas y las circunstancias en las que vivimos, pero lo que si podemos elegir es la forma en cómo vamos a enfrentarlas.
Nuestra situación actual en el país nos lleva a la desesperanza. Pareciera un camino sin final y un viaje sin retorno a nuestra peor pesadilla. Pero en esta difícil situación, debemos preguntarnos qué cosas podemos cambiar, en el plano personal y cuáles no y trabajar en consecuencia. Veo con preocupación y tristeza como gente preparada y de formación académica se queda enganchada en el tema político y no quiere salir de él. Grupos de WhatsApp que lo que hacen es rumiar sus frustraciones permanentemente y atacarse unos a otros por situaciones que no dependen directamente de ellos. Por otro lado, otros preocupados por los estrenos y las compras navideñas cuando, quizás, tienen la despensa media vacía. En esta época navideña la situación empeora para muchos. Se ven disminuidos en su poder adquisitivo y entran en conflictos internos por no “tener” lo que siempre han tenido para vivir esta época con una alegría basada en lo material. Pareciera que nos tienen a todos fuera de nuestro foco habitual.

La felicidad no se mide por lo que tenemos y eso lo sabemos de sobra. La felicidad está en nuestra manera de afrontar las situaciones y en la certeza de que somos seres resilientes y con capacidad de respuesta ante las situaciones de la vida. La felicidad está en el compartir, aunque sea de a poco. En saber que estamos vivos y sanos. En que las familias están juntas y unidas, a pesar de las distancias que las separen físicamente. La felicidad está en compartir momentos y en el dar.

Debemos reenfocar nuestros objetivos, partiendo de reconocer nuestro entorno actual y en la forma cómo vivimos en él. Tal vez muchas cosas han cambiado y nos produce nostalgia el no vivirlas como antes, pero eso debe ser cosa del pasado. Estamos aquí para vivir en felicidad, primero con nosotros mismos y luego para los demás. Debemos trabajar desde el “ser” y no desde el “tener”. El segundo es consecuencia del primero. Vendrán tiempos mejores y rescataremos todos nuestros sueños.

Como decía Albert Einstein, “Si siempre hacemos lo mismo, nunca obtendremos resultados diferentes”.

“Dale la vuelta a la tortilla si está quemado con la vida, tomate un pincho de felicidad”

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

Arnaldogarciap.blogspot.com

domingo, 26 de noviembre de 2017

ASÍ NO SE PUEDE...


ASI NO SE PUEDE
Los que tenemos que transitar periódicamente por la autopista regional del centro entre Carabobo y Aragua debemos vivir un permanente vía crucis. Además del peligro que representa la ruta, no solo por sus condiciones estructurales, sino también por la inseguridad que reina en ella, desde hace algunos meses debemos soportar adicionalmente el trágico escenario que se vive con la reparación de su viaducto. Colas diarias de dos o tres horas, como tiempo promedio en esta travesía, nos hace perder tiempo de vida sustancial para otros proyectos y en una pesadilla diaria, con su sufrimiento permanente.

Pero esa trágica realidad no es lo que quiero resaltar. Si pensamos que este sacrificio es producto de una reparación que mejorara las condiciones de esa vía, bien vale la penitencia.
El tema que me ocupa se refiere a nosotros. Los ciudadanos comunes y silvestres que día a día transitamos este tormento. Resulta que en la vía con sentido hacia Valencia, en esa casi recta de unos dos kilómetros antes de llegar al túnel, se forman unas colas descomunales que colapsan los dos canales y el hombrillo. Allí también, cuando usted pasa podrá observar un cuarto canal, improvisado por los vivos, hecho en la zona de jardines que separan las vías. No importa que usted sea respetuoso de las normas y se arme de paciencia al tratar de entender que se le van horas de su vida de una manera inútil por la desidia y mala planificación. Lo incómodo es ver como muchos de sus congéneres abusan, sin el menor respeto hacia usted ni a ninguno de los que viven esta pesadilla.

No se trata de unos pocos. Se trata de muchos que atropellan sin importarles el otro. No se trata de gente de escasos recursos, que responden a sus necesidades básicas. No son conductores de transportes de carga o de unidades autobuseras, que pudiésemos pretender con escaso nivel de intelectualidad. No son carros destartalados y viejos que pudieran hacernos presumir a personas de niveles socioeconómicos bajos y por ende con poca escolaridad y sin conocimiento de ética y valores. Es gente con vehículos de altos costos, en su mayoría camionetas que se valoran en miles de millones, que abusan irrespetando al resto sin importar que sus acciones perjudiquen a la mayoría. Con su conducta nos insultan y atropellan.

Como podemos pretender construir un país diferente cuando nosotros mismos no podemos cambiarnos personalmente y entender que nuestro accionar marca la diferencia que esperamos. En el momento que concibamos como nuestras acciones impactan a los otros y que nuestra responsabilidad va mucho más allá de satisfacernos personalmente, comenzaremos el cambio que necesitamos. No son solo los políticos los que deben cambiar. No se trata solo de un tema económico o social. Lo más grave está en el aspecto moral. Se trata de un tema colectivo que demanda de todos nosotros una radical modificación de pensamiento y acción. Si de verdad queremos un país diferente, debemos comenzar por cambiar nosotros nuestra visión del mismo. Abandonar esas posturas egoístas donde yo soy el primero, donde la viveza y el timo son una manera de vida y que dan pie a la corrupción y la trampa.

Convirtámonos en ciudadanos con principios éticos y morales de altura. Donde el servicio y la atención entre todos sea la consigna y la generosidad y el respeto nuestra bandera.
Debemos dar ejemplo de civilidad en cada uno de nuestros accionares.

Así sí se puede.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

Arnaldogarciap.blogspot.com

domingo, 8 de octubre de 2017

HAGAMOS COMO LOS ERIZOS

HAGAMOS COMO LOS ERIZOS

Una interesante fabula nos cuenta que, durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío. Los erizos dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos y trabajar en equipo. De esa manera se abrigarían y protegerían entre sí. Ocurrió que, las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, pero esto era justo lo que ofrecía más calor. Ante ese sufrimiento decidieron alejarse unos de otros, dejando de trabajar juntos y empezaron a morir congelados. En vista de la situación tuvieron que tomar una gran decisión, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos buscando apoyarse unos a otros. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación tan cercana les pudiese ocasionar, ya que lo más importante era el calor del otro. De esa forma lograron sobrevivir.

En la vida nos toca tomar decisiones. Muchas de ellas pueden ser incómodas y hasta dolorosas. Esto por supuesto, nos lleva muchas veces a postergar o abandonar la idea de decidir, con tal de no enfrentarnos a un sufrimiento esperado. Lo que muchas veces no vemos al tomar este tipo de evasiones, es que, el vivir en la indecisión puede ser aún más doloroso que la decisión misma. Tal vez, el sufrimiento esté en no enfrentar los hechos de manera valiente y oportuna.

En otras oportunidades nuestra indecisión se debe a falsas creencias, desinformación que sobre la situación tenemos o malas experiencias vividas en el pasado. Toda nuestra experiencia pasada y la que nos transfieren los que nos rodean influye en nuestra forma de tomar decisiones. Muchas veces replicamos lo que otros hacen o han hecho, dejando ya nuestra decisión en sus manos sin darnos cuenta.

Es hora de tomar una decisión. El futuro de nuestro país nos demanda tomar partido. No conviene seguir actuando desde la indiferencia. Podemos entender y no estar de acuerdo con muchas de las cosas que nos han pasado y de las malas decisiones que otros han tomado, perjudicando a la mayoría. Es comprensible que después de la tristeza y desesperanza vivida hace unos meses la credibilidad esté en juicio. Pero estos no son momentos de pasar factura por esos errores. Nuestra soberbia o indiferencia nos puede costar muy caro a todos.

O saltamos todos juntos o nos hundimos en colectivo. Hagamos como los erizos, que a sabiendas de que su decisión era dolorosa la asumieron para asegurar la supervivencia. Aquí nos pasa lo mismo. Podemos estar molestos por el pasado, no estar convencidos de las acciones presentes y de quienes nos representan, pero todos debemos salir con alegría y positivismo a expresar nuestra opinión y deseo: Nuestra aspiración de un cambio radical de rumbo. Sabemos que con este paso no lo lograremos, pero también estamos claros que sí nos acerca más al objetivo.

No lo des poder a quien no lo merece. Se dueño de tus propias decisiones y participa activamente en el porvenir de tu nación, tus hermanos y tu familia.

Te espero el próximo domingo.

Saludos

Arnaldo García Pérez
arnaldogarciap

arnaldogarciap.blogspot.com

domingo, 1 de octubre de 2017

DAMNIFICADOS MENTALES

DAMNIFICADOS MENTALES

Gea está molesta. Tiene un tiempo manifestando su desagrado con la forma como la tratan a través de eventos aislados en el mundo. Tormentas, deslizamientos, fuertes terremotos, volcanes y huracanes, han sido algunas de las formas que ha dispuesto para llamar la atención. Será que los humanos no estamos prestando la necesaria atención a estos alertas que nos avizoran un futuro incierto, o debemos esperar una magna catástrofe para comenzar a realizar cambios importantes en nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza.

Lo lamentable y doloroso de estas calamidades es la pérdida de vidas y la cantidad de personas que quedan indefensas y desprotegidas. Gracias a Dios, en la mayoría de los países donde se han presentado estas tragedias se cuenta en una formación consciente para el apoyo inmediato de estos casos. En la más reciente bravuconada de Gea, el terremoto de México, fue y es impresionante ver cómo la sociedad y las autoridades se dispusieron a responder de una manera eficiente para aminorar el sufrimiento de su población. Existen muchos testimonios que reportan cómo, casi en el medio del terremoto, ya las personas buscaban apoyarse entre ellas. Más aún, como muchos, una vez terminado el movimiento telúrico, en vez de buscar refugio, salieron hacia las zonas más comprometidas a ofrecer su apoyo para ganarle tiempo a la tragedia. Esto es conciencia colectiva. Es entender, desde lo más básico, la vida, cómo nosotros dependemos unos de otros y debemos desprendernos de egoísmos y ambiciones, en momentos inciertos o de calamidades.

Nosotros como sociedad debemos aprender mucho. Nos falta todavía entender el rol que como país tenemos en el continente y en el mundo. Dios nos aprovisionó de inmensas riquezas para convertirnos en modelo a seguir. No podemos continuar este esquema de miseria y mendicidad. Debemos acabar con la política que nos convierte en permanentes damnificados mentales, tras una dádiva para la supervivencia. Una política de dominación a través del hambre y la necesidad, donde es estratégico para los dominantes mantenernos incultos para así soportar su dominación.

Mientras en muchos rincones de este mundo aparecen damnificados productos de grandes tragedias naturales, nosotros los tenemos por perversidades. Gente que come o tiene una vivienda por la benevolencia de los poderosos y con esto su gran manipulación. Ignorancia a flor de piel de muchos, para provecho de pocos. Es nuestra la obligación de comenzar a cambiar este guion, que no solo viene de estas últimas décadas, sino que ha sido una práctica cotidiana en la política obsoleta. Necesitamos a un pueblo educado y con conciencia colectiva. Dotado de herramientas para desarrollar su futuro y el de otros, sin mezquindades ni recelos. Todos como hermanos trabajando para un bien común.

Así, administrando adecuadamente los recursos, una nación puede desarrollar a su gente y hacerla próspera y autosuficiente, con conciencia sustentable. Tenemos el capital necesario para rendir los mejores frutos a la humanidad. Somos ricos en inteligencia y creatividad, con un talento envidiable y una gran riqueza en recursos naturales, que debemos saber usar y conservar.

Comencemos este cambio que nos beneficiará a todos. Solo basta participar.

Gea nos lo agradecerá.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

www.arnaldogarciap.blogspot.com

domingo, 17 de septiembre de 2017

DE COMO BUGS BUNNY SALVO LA PATRIA…

DE COMO BUGS BUNNY SALVO LA PATRIA…

Vivimos en un país bizarro. Primero aclaro la definición de mi término. Si buscamos en el diccionario el significado de esta palabra, encontraremos que la misma se refiere, desde su acepción latina a alguien altivo, erguido, valiente…pero desde su deformación europea y del inglés, este término nos habla de algo extraño, estrafalario, chocante, anormal, atípico. Y a esto me refiero.

No solo somos bizarros al enaltecer los antivalores como forma de vida y convivencia. O al estimular comportamientos como la pereza, la flojera o desaplicación como forma de vida y que la dadiva y la espera sea el único vínculo con el desarrollo y el futuro. Lo somos también con las formas que adoptamos para responder a nuestras situaciones o a los resultados de los problemas que nosotros mismos nos buscamos. Desde una iguana maliciosa que se come el cableado de todo un sistema eléctrico nacional, el niño o la niña que nos quita y da el agua o la luz, hasta la flamante guerra económica que aplica como excusa para cada inverosímil situación que se nos presente.

Haciendo memoria de estos años de pesadumbre, desde su comienzo, cuando teníamos una gran holgura financiera, por los altos precios del petróleo, ya nos preparaban para los momentos de pesadumbre (o tenían una gran bola adivinadora, o era parte de un plan macabro), presentando una gran cantidad de estrategias para afrontar la estrechez financiera: hablamos de los gallineros verticales, los cultivos organopónicos y más recientemente el plan conejo.

Cada una de estas estrategias, evaluadas en su contexto original, puede ser de gran valor para responder a necesidades particulares de comunidades o países. Si tomamos como ejemplo a Japón, que es la tercera economía mayor a nivel mundial, tras los Estados Unidos y China, con sólo una extensión de territorio equivalente a los estados Bolívar y Amazonas y una población de 120 millones de habitantes, cuatro veces más que nosotros, podemos evaluar cómo este país, consciente de sus limitaciones, ha desarrollado propuestas de convivencia bajo un pensamiento holístico y en armonía con el ambiente. Tanto es de importancia estos procesos, que recientemente han convertido una antigua fábrica de Sony en una planta de cultivo interior de lechugas, un paso hacia la industrialización de la agricultura.

Son cosas serias, proyectadas y planificadas por gente seria. El mundo está en una constante evolución para responder a sus necesidades, bajo la investigación y el principio de la sustentabilidad. No se trata de darle un conejo y una gallina a una familia en una urbanización de cualquiera de nuestras ciudades. Se trata de evaluar y planificar con profesionalismo y seriedad las mejores alternativas para este pueblo.

El sueño florecerá al ver a los mejores pensadores y científicos venezolanos trabajando en serio por el futuro, sin distingos y mezquindades. Nuestro pueblo lo necesita y lo agradecerá.

Esperemos que Bugs Bunny nos ayude.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

arnaldogarciap.blogspot.com

domingo, 10 de septiembre de 2017

EL VIVO, EL LENTO Y LOS OTROS.

EL VIVO, EL LENTO Y LOS OTROS.

Dentro de las caracterizaciones de personalidad que se les hacen a los venezolanos, existen unas cuantas particularidades que resaltan y nos diferencian de nuestros hermanos latinoamericanos y radicalmente de los americanos del norte. Definitivamente, nuestra familiaridad, espíritu de lucha, creatividad y solidaridad son competencias que nos identifican y resaltan en nuestro sello. No existe ni uno solo de nosotros que no posea alguna de ellas y hay muchos que las ostentan todas. Un buen ejemplo de este tema es cuando conocemos a alguien. Solo basta el compartir algunos instantes con una persona con la que tengas sintonía, para ya apreciarlos como si fueran “hermanos de toda la vida”.

Evidentemente, estas son competencias personales importantes en nuestro accionar en sociedad. Si posees condiciones y sensibilidad para con los otros, las relaciones afloran y con ello la armonía y la productividad en equipo. Para la psicología positiva, una de las condiciones vitales para mantener el bienestar individual, se basa en contar con relaciones sociales sanas y de mutuo crecimiento. La recomendación de estos especialistas es cultivar las relaciones como parte del enriquecimiento espiritual y como una vía para fomentar el crecimiento colectivo.

Pero en el meollo de nuestra caracterización, existen otras maneras de presentarnos y hay una de ellas, a la que quiero referirme por lo marcada que está en estos tiempos. Hay una tipología de gente, que también nos representa y que he dividido y donde están: los vivos, los lentos y los otros. Los vivos, como su nombre lo indica, son esa estirpe que se cree con el derecho a todo. Para ellos no existen colas ni orden de llegada ni mucho menos el respeto a procedimientos y políticas. Son los representantes de la llamada “Viveza Criolla”, y que personifican, a través de su altanería, el poco acatamiento a las normas de relacionamiento y convivencia. Es el claro representante de “A mí no me den, pónganme donde hay”. Son los padres del bachaqueo, el cobro por ponerte en la cola, el abusar corriendo con su vehículo por el hombrillo y pare usted de contar. Son el propio reflejo de los antivalores que vivimos día a día y que nos tienen a todos de cabeza.

Por otra parte están los lentos. A ciencia cierta no sabemos quién fue primero, si el huevo o la gallina. Si los lentos son producto de los vivos o viceversa. Los lentos son esos personajes representados fielmente por aquel individuo que va a 40 por el canal rápido, que pone la luz de cruce para la derecha pero gira a la izquierda. Que saca una faja de billetes de cinco a última hora para pagar en la caja atiborrada del supermercado. Definitivamente los lentos nos matan con su parsimonia y poca empatía hacia sus congéneres. Les importa poco lo que acontece a su alrededor y el mundo gira solo para ellos. Definitivamente son un caso.

Y por último estamos los otros. Aquellos ciudadanos que solo queremos vivir en fraternidad, que buscamos el mantener relaciones armónicas con todos. Son aquellos que actúan con la asertividad a flor de piel y buscando siempre la mejora para todos. Somos una gran mayoría que a veces no se hace notar, pero que quiere vivir con y en dignidad, donde el respeto sea uno de nuestros pilares fundamentales y la concordia entre todos sea la bandera a enarbolar. Aún estamos en pie. Aún soñamos con ese país posible y cada día actuamos en consecuencia. Debemos minimizar a los vivos y los lentos. Los otros somos el pasado y el futuro de este país.
Esta nación debe ser de los otros, porque somos los que vivimos y trabajamos para algo diferente.

No perdamos nuestra esencia y gentilicio. Las futuras generaciones lo agradecerán. Seamos como los otros.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

Arnaldogarciap.blogspot.com