sábado, 20 de enero de 2018

LA UNIDAD SOY YO…

LA UNIDAD SOY YO…

Había una vez un viejo granjero que vivía en un pueblo y que tenía cuatro hijos. El viejo granjero trabajaba muy duro, pero sus hijos no le ayudaban o incluso no se ayudaban entre sí. Todos eran muy egoístas y solo trataban de hacer lo que era mejor para cada uno. Los hijos del granjero nunca podían ponerse de acuerdo en ninguna cosa. Si uno decía hacia la izquierda, el otro decía derecha.

El agricultor esperaba que con el pasar de los años sus hijos cambiaran su comportamiento, pero sólo se volvieron más egoístas e individualistas y seguían sin respetarse unos a otros. El campesino decidió que tenía que hacer algo porque amaba mucho a sus hijos, así que decidió darles una lección. Llamó a sus cuatro hijos y les presentó un manojo de palos que estaban atados con una cuerda. Luego llamó a su hijo mayor y le dijo: “Puedes intentar romper el manojo de palos?”, el hijo mayor trato y trató y no pudo romperlo. Luego llamó a cada uno de sus hijos y les pidió lo mismo. Cada uno de ellos hizo su mejor esfuerzo para ver si lograba hacer lo que sus hermanos no pudieron, pero ninguno tuvo éxito.

El granjero miró a sus hijos cansados y sudorosos y pidió a uno de ellos que desatara el manojo. Luego le pidió a cada uno romper los palos individualmente. Ahora cada uno logró hacerlo con bastante facilidad. “Ven”, dijo el viejo granjero, “Ustedes son como los palos. Si están unidos nadie podrá romperlos, pero si se separan, los romperán uno a uno. Los hijos del granjero aprendieron su lección, se convirtieron en los mejores amigos y nunca discutieron de nuevo.

La Unidad es la propiedad que tienen las cosas de no poder dividirse ni fragmentarse sin alterarse o destruirse. El océano es una enorme unidad compuesta por muchos mares y estos por inmensas corrientes compuestas de millones de gotas que en su contacto se transforman y vuelven a su esencia. Si las gotas de esos mares se contaminan, aunque sean unas pocas, comenzarán a intoxicar a las otras hasta dañar al enorme océano.

Como parte de nuestra socialización, las personas necesitamos interactuar con los otros y en esa relación nace la necesidad de compartir objetivos. Allí se forman los equipos. Cuando integras un equipo ya tu individualidad pasa a un segundo plano. El objetivo principal es el bienestar colectivo y las actividades del equipo pasan a tener un interés mayor. Y esa es la base de la sociedad. Todos tenemos tareas que ejecutar y en la sincronía de nuestras funciones estará el desarrollo de cada uno de manera individual, las empresas, los pueblos, las ciudades y el país.

No pueden existir egoísmos cuando hablamos de unidad. Podemos tener visiones diferentes, pero el compromiso con el todo, nos obliga a encontrar caminos para la concordia y el entendimiento. Debemos desprendernos del egoísmo y la crítica malsana para allanar caminos de comprensión y sentido de unión. El esfuerzo mayor está orientado hacia el fin último del bienestar colectivo y este es la mejor y mayor obligación de todos los miembros de esa unidad. Si queremos hacer algo que valga la pena, tenemos que estar todos juntos.

Yo soy la unidad. Todos somos la unidad. Al entender nuestra misión podremos comenzar a caminar juntos.

Y juntos somos invencibles.

Saludos

Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

arnaldogarciap.blogspot.com

domingo, 14 de enero de 2018

POBRE DE LOS OTROS…

POBRE DE LOS OTROS…

Un hombre que tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte.
Un día visitó un museo con algunos amigos. Se le olvidaron las gafas en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo de ventilar sus fuertes opiniones.
Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo:
– El marco es completamente inadecuado para el cuadro. – El hombre está vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. – En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. – Es una falta de respeto.
El hombre siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja: – Querido, – ¡estás mirando un espejo!

Muchas veces nuestra arrogancia y soberbia nos impiden ver más que la propia miopía.

Los seres humanos somos complicados. No por naturaleza o genética, sino por la manera como nos comportamos con los otros, producto de nuestras crianzas y aprendizajes sociales. Muchas veces somos nosotros mismos los que construimos murallas en nuestras relaciones y en ocasiones es producto de nuestra arrogancia. En un mundo lleno de desigualdades, muchos pretenden sacar provecho de alguna ventaja que posean o que imaginan tener (mejores recursos económicos, posiciones sociales, atributos físicos, etc.), presumiéndola de manera jactanciosa, despreciando a los que no las posean y creando una barrera relacional.
Se llama arrogante a una persona que carece de humildad, o que se siente o se cree superior a los demás. Es un adjetivo usado para expresar una característica negativa o un defecto de la personalidad de un individuo. En internet encontramos que la palabra etimológicamente viene de Arrogare, en latín, que quiere decir apropiarse y de ahí el verbo arrogar. Arrogante es alguien que toma honores o exagera de sus facultades mentales.

Para ser arrogante no hace falta tener con qué. Conozco personas que lo son, tan solo con imaginarse o creerse mejor que los demás. En esta cultura de antivalores que vivimos actualmente, estamos permanentemente expuestos a la arrogancia. Ejemplos nos sobran; como cuando escuchas a los dirigentes del gobierno decir que “todo está normal” o que “somos potencia en salud pública”, o cuando nuestro presidente se burla irónicamente de la gente repitiendo que no existe crisis económica o los negociadores del lado del gobierno que comienzan su proceso con una descalificación de los otros. Estos son evidentes ejemplos de arrogancia de alguien que exagera lo que no tiene.

Debemos combatir ese antivalor. Somos más poderosos con nuestra humildad y modestia. No tiene nada que ver con dejar de reconocer nuestras bondades y potenciar nuestra autoestima. Lo importante es que reconozcamos quienes somos y si tenemos competencias o cualidades mayores que las otras personas, no nos apalanquemos sobre ellos, sino que con estas fortalezas ayudemos al resto a crecer y prosperar. Aprovechemos nuestras bondades en función colectiva y pensemos en un desarrollo de todos, como parte de nuestra misión en la vida.

“Grande es aquel que para brillar no necesita apagar la luz de los demás” Anónimo.

Saludos

Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap
arnaldogarciap.blogspot.com





domingo, 24 de diciembre de 2017

COMPARTIR ESPERANZA

COMPARTIR ESPERANZA

Una historia nos cuenta que en la ladera de una montaña había una fuente conocida por todos como la fuente de la Esperanza. Todo aquel que estaba deprimido o desanimado por alguna dificultad, bastara con que bebiera un poco de aquella agua para llenarse de esperanza y tener fuerzas para superar su dificultad por imposible que pareciera.

Pero un día la fuente se secó y ya no pudieron beber su agua. Esto fue catastrófico. El desánimo y la desesperanza se apoderó de todos. Dejaron de estar alegres y se volvieron terriblemente pesimistas. Sólo hubo un niño que no perdió la Esperanza. Todas las mañanas acudía a la fuente esperando que volviera a caer el agua. Todos los días, semana tras semana, no dejó de ir a la fuente. Una mañana de tantas, cuando todo parecía perdido, el niño vio con sorpresa que de la fuente iba a caer una gota de agua. Era la última gota de esperanza que quedaba. A toda prisa puso su mano para recogerla y se fue entusiasmado a enseñársela a todos. Pero nadie le hizo caso. Le dijeron que la tirara donde quisiera porque ya no había nada que hacer. La esperanza estaba perdida sin remedio. El pobre niño se marchó muy triste y desanimado. Así que fue al pozo de donde bebían todos y tiró allí su gota de agua. Sin embargo, aquella gota de agua tenía la Esperanza tan concentrada en su interior, que cuando se mezcló con el agua del pozo, hizo que todo el que bebiera se contagiara de esperanza. Al día siguiente, cuando todos bebieron de aquella agua, quedaron nuevamente llenos de esperanza…

Estamos viviendo el período más oscuro de nuestra historia. No existe en nuestro recuerdo a mediana o larga data una etapa tan negativa como la actual. Todos, sin importar la clase social, vivimos en una constante zozobra que nos lleva en una sensación de caída libre y sin control que solo nos hace esperar el duro golpe contra el piso que nos hará desfallecer. Tristeza, desconsuelo, angustia, desesperanza son nuestras emociones cotidianas. Pareciera que todo está perdido, o eso es lo que pretenden hacernos pensar.

No podemos negar nuestras realidades y que debemos armarnos de coraje para sobrellevar esta situación. Pero esto tendrá que acabar y allí será nuestro momento. Debemos ya pensar en lo duro que será rescatar nuestros elementos más básicos para retomar el camino. Una vez terminada la pesadilla, nos tocará trabajar mucho más rigurosos para recomenzar. Pero tenemos una enorme ventaja competitiva, somos gente valiosa y de principios, con excelentes capacidades intelectuales y una enorme creatividad que nos ayudará a desarrollar mejores opciones de futuro. No volveremos a ser el país de antes, ni debemos tener eso como meta. Debemos proyectarnos en ser un país diferente, que aprenda de sus errores y que con una pasión innegable se dedique a responder a las miserias de los más necesitados, sin politiquería y demagogia. Solo con un sentimiento genuino que nos lleve a ser ese país que todos soñamos.

Todos los días nos tropezamos con el niño del cuento y su Esperanza de futuro, en la cara de todos los optimistas y convencidos que avizoran un país mejor. Muchos llevan en sus manos esas últimas gotas de ESPERANZA con la ferviente ilusión de esparcirlas entre nosotros para rescatar nuestro mañana y porvenir. No podemos perder la Fe. Debemos combatir la desesperanza con optimismo y alegría. Vivamos en la firme creencia de que saldremos adelante.

Feliz Navidad para todos y que DIOS nos regale sus BENDICIONES para crear entre todos un nuevo país.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

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domingo, 17 de diciembre de 2017

SUELTA LA SOGA…

SUELTA LA SOGA

Cuentan que un alpinista se preparó durante varios años para conquistar el Aconcagua. Su desesperación por la proeza era tal que, conociendo todos los riesgos, inició su travesía sin compañeros, en busca de la gloria sólo para él. En su terquedad subió la montaña sin descansar porque pretendía llegar a la cima el mismo día. Empezó a subir y el día fue avanzando, se fue haciendo tarde y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo para llegar a la cima ese mismo día. Pronto oscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña y ya no se podía ver absolutamente nada. Subiendo por un acantilado, a unos cien metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires. Caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y tenía la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo...y en esos angustiantes momentos, pasaron por su mente todos los gratos y no tan gratos momentos de su vida, pensaba que iba a morir, pero de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos… En esos momentos de quietud, suspendido por los aires sin ver absolutamente nada en medio de la terrible oscuridad, no le quedo más que gritar: "¡Ayúdame Dios mío, ayúdame Dios mío!". De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó: "¿Qué quieres que haga?" Él respondió: "Sálvame, Dios mío". Dios le preguntó: "¿Realmente crees que yo te puedo salvar?" "Por supuesto, Dios mío", respondió. "Entonces, corta la cuerda que te sostiene", dijo Dios. Siguió un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y se puso a pensar sobre la propuesta de Dios... Al día siguiente, el equipo de rescate que llegó en su búsqueda, lo encontró muerto, congelado, agarrado con fuerza, con las dos manos a la cuerda, colgado a sólo DOS METROS DEL SUELO... El alpinista no fue capaz de cortar la cuerda y simplemente confiar en Dios.

La confianza es uno de los valores fundamentales en los pilares de nuestras vidas y sus relaciones. En primer término, la confianza es intrínseca, lo que quiere decir que la primera relación de confianza debe nacer con nosotros mismos. Esto nos obliga a conocernos y saber de nuestras potencialidades para estar seguros de poder abordar nuestros retos de manera segura. Saber quiénes somos y de qué somos capaces nos ayudará a entendernos mejor, ya que de este análisis de nuestras cualidades aprenderemos a reconocer aspectos donde no somos tan diestros y necesitamos el apoyo y la colaboración de otros. Aquí nace el vínculo de la confianza hacia los otros.

Muchas veces somos soberbios y arrogantes porque pensamos que estamos en capacidad de solucionar nuestros problemas sólo con los recursos que poseemos. Lo vemos en padres dominantes y controladores que creen saber todas las respuestas a las preocupaciones de sus hijos, en jefes engolosinados con el poder que no oyen recomendaciones y sugerencias de sus colaboradores por creerse dueños de la verdad, en hijos despectivos y altivos que no entienden que sus padres tienen algo de experiencia que puede beneficiarlos, en empresarios humillantes y ofensivos con sus empleados, que solo infunden miedo y terror en sus trabajadores y que no confían en nadie, pese a poder tener experiencias positivas.

Debemos aprender a confiar. El ser humano por esencia es sociable y necesita de los otros para sobrevivir. No podemos ni sabemos resolverlo todo de manera individual. Nuestras acciones siempre impactan a otros. Las relaciones deben basarse en el respeto y la confianza. Dios pone a otros en nuestros caminos para que nos sirvan de apoyo.

Con tranquilidad…suéltate de la soga y déjate ayudar.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap
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domingo, 10 de diciembre de 2017

SE NOS PASA EL TREN.

SE NOS PASA EL TREN.
Hay una creencia popular que dice que “el tren pasa por nuestra vida en una sola oportunidad y el que la pierde fracasa”. El tren pasa para los estudios, para los trabajos, para las parejas, para los negocios…en cada una de esas etapas de vida, debemos tomar decisiones que se simbolizan cuando abordamos el tren. Esto, evidentemente se refiere a las ocasiones que tenemos para emprender nuestras decisiones de vida y en las que, en muchas oportunidades nos paralizamos o simplemente tomamos una decisión equivocada.

Pareciera que nacemos para la perfección. Cuando nos dicen que Dios nos hizo a su imagen y semejanza, nos endosan un enorme poder que nos hace inmaculados y creados para realizar cada acto con la certeza de su resultado. Nada más alejado de la realidad. También Dios nos da la opción del libre albedrío, poniéndonos en posición de tomar nuestras propias decisiones y con ellas la ocasión de equivocarnos.

En nuestras relaciones sociales la gente comprende que todo el mundo tiene derecho a equivocarse, y también a rectificar. Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad, a todos se nos debe dar la oportunidad de reconocer errores e intentar reconducir nuestras decisiones. Esta es, tal vez, una de las situaciones más difíciles para nosotros. Es difícil ponerse frente al espejo y reunir la dosis necesaria de autocrítica para reconocer las virtudes y defectos propios. Esta autoevaluación, debe estar hecha desde la más profunda de nuestra honestidad. Todos sabemos y reconocemos en el fondo nuestros defectos, pero lo más difícil es enfrentarlos ante los otros.  Una vez identificados y concientizados, tenemos la oportunidad de comenzar a trabajarlos para la mejora, y con ello, estimularnos a accionar para tomar excelentes decisiones. No todas las personas aprendemos de la misma manera, ni todas plantearemos las mismas exigencias y las mismas necesidades. Cada quien conoce cuáles son sus capacidades y en base a ello entender el tren que debe abordar.

Hay que plantear la necesidad de flexibilidad y adaptación reconociendo las condiciones del ambiente. También, y de cara al otro, debemos entender sus situaciones y abrirnos a dar segundas y terceras oportunidades. Muchas veces el rencor y la rabia nos ciegan y no estamos en la capacidad de comprender la equivocación de los otros. Nuestra soberbia no nos permite abrirnos a extender la mano y volver al camino a intentarlo de nuevo.

Fracasar e intentar ha sido la experiencia exitosa de mucha gente. Pero en esos momentos de fracasos necesitamos el apoyo de nuestros seres queridos y de aquellas personas que nos conocen y saben de nuestra naturaleza. Es fácil señalar el fracaso de otros y sus malas decisiones sin anteponer un análisis objetivo de sus realidades. Debemos comprender y ser empáticos con los demás, ya que en esta rueda de la vida nunca sabremos cuando deberán serlo con nosotros mismos.

Nos vamos a equivocar en muchas de nuestras decisiones de vida pero debemos tener la certeza que eso no será el final. Podemos levantarnos e intentarlo una y otra vez, ya que todos tenemos el derecho a equivocarnos y el resto el deber de entendernos y brindarnos la oportunidad de corregir.

Se nos pasa el tren, pero nos quedan nuestras piernas para hacer el recorrido a pie.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

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domingo, 3 de diciembre de 2017

DALE VUELTA A LA TORTILLA

DALE VUELTA A LA TORTILLA

Por las redes sociales circula un video, hecho por un programa español, donde participan una serie de actores y que con una sencilla canción nos invitan a ver la vida de otra manera. Básicamente el mensaje central nos lleva a que, ante situaciones adversas asumamos acciones diferentes.

“Dale la vuelta a la tortilla si estas quemado con la vida” es parte del estribillo de esta canción. Divertida y poderosa alegoría de nuestras realidades del día a día, recomendándonos no quedarnos enganchados en esas situaciones negativas y “dar la vuelta” para comenzar de nuevo, buscando en todo momento resolver las condiciones y quedar en posición ventajosa ante ellas.

A veces, el pesimismo nos desborda y solo vemos ante nosotros un horizonte gris y turbio. Tal vez no es nuestra imaginación, sino que las realidades se presentan de esa manera y es imposible escapar a ellas y las circunstancias en las que vivimos, pero lo que si podemos elegir es la forma en cómo vamos a enfrentarlas.
Nuestra situación actual en el país nos lleva a la desesperanza. Pareciera un camino sin final y un viaje sin retorno a nuestra peor pesadilla. Pero en esta difícil situación, debemos preguntarnos qué cosas podemos cambiar, en el plano personal y cuáles no y trabajar en consecuencia. Veo con preocupación y tristeza como gente preparada y de formación académica se queda enganchada en el tema político y no quiere salir de él. Grupos de WhatsApp que lo que hacen es rumiar sus frustraciones permanentemente y atacarse unos a otros por situaciones que no dependen directamente de ellos. Por otro lado, otros preocupados por los estrenos y las compras navideñas cuando, quizás, tienen la despensa media vacía. En esta época navideña la situación empeora para muchos. Se ven disminuidos en su poder adquisitivo y entran en conflictos internos por no “tener” lo que siempre han tenido para vivir esta época con una alegría basada en lo material. Pareciera que nos tienen a todos fuera de nuestro foco habitual.

La felicidad no se mide por lo que tenemos y eso lo sabemos de sobra. La felicidad está en nuestra manera de afrontar las situaciones y en la certeza de que somos seres resilientes y con capacidad de respuesta ante las situaciones de la vida. La felicidad está en el compartir, aunque sea de a poco. En saber que estamos vivos y sanos. En que las familias están juntas y unidas, a pesar de las distancias que las separen físicamente. La felicidad está en compartir momentos y en el dar.

Debemos reenfocar nuestros objetivos, partiendo de reconocer nuestro entorno actual y en la forma cómo vivimos en él. Tal vez muchas cosas han cambiado y nos produce nostalgia el no vivirlas como antes, pero eso debe ser cosa del pasado. Estamos aquí para vivir en felicidad, primero con nosotros mismos y luego para los demás. Debemos trabajar desde el “ser” y no desde el “tener”. El segundo es consecuencia del primero. Vendrán tiempos mejores y rescataremos todos nuestros sueños.

Como decía Albert Einstein, “Si siempre hacemos lo mismo, nunca obtendremos resultados diferentes”.

“Dale la vuelta a la tortilla si está quemado con la vida, tomate un pincho de felicidad”

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

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domingo, 26 de noviembre de 2017

ASÍ NO SE PUEDE...


ASI NO SE PUEDE
Los que tenemos que transitar periódicamente por la autopista regional del centro entre Carabobo y Aragua debemos vivir un permanente vía crucis. Además del peligro que representa la ruta, no solo por sus condiciones estructurales, sino también por la inseguridad que reina en ella, desde hace algunos meses debemos soportar adicionalmente el trágico escenario que se vive con la reparación de su viaducto. Colas diarias de dos o tres horas, como tiempo promedio en esta travesía, nos hace perder tiempo de vida sustancial para otros proyectos y en una pesadilla diaria, con su sufrimiento permanente.

Pero esa trágica realidad no es lo que quiero resaltar. Si pensamos que este sacrificio es producto de una reparación que mejorara las condiciones de esa vía, bien vale la penitencia.
El tema que me ocupa se refiere a nosotros. Los ciudadanos comunes y silvestres que día a día transitamos este tormento. Resulta que en la vía con sentido hacia Valencia, en esa casi recta de unos dos kilómetros antes de llegar al túnel, se forman unas colas descomunales que colapsan los dos canales y el hombrillo. Allí también, cuando usted pasa podrá observar un cuarto canal, improvisado por los vivos, hecho en la zona de jardines que separan las vías. No importa que usted sea respetuoso de las normas y se arme de paciencia al tratar de entender que se le van horas de su vida de una manera inútil por la desidia y mala planificación. Lo incómodo es ver como muchos de sus congéneres abusan, sin el menor respeto hacia usted ni a ninguno de los que viven esta pesadilla.

No se trata de unos pocos. Se trata de muchos que atropellan sin importarles el otro. No se trata de gente de escasos recursos, que responden a sus necesidades básicas. No son conductores de transportes de carga o de unidades autobuseras, que pudiésemos pretender con escaso nivel de intelectualidad. No son carros destartalados y viejos que pudieran hacernos presumir a personas de niveles socioeconómicos bajos y por ende con poca escolaridad y sin conocimiento de ética y valores. Es gente con vehículos de altos costos, en su mayoría camionetas que se valoran en miles de millones, que abusan irrespetando al resto sin importar que sus acciones perjudiquen a la mayoría. Con su conducta nos insultan y atropellan.

Como podemos pretender construir un país diferente cuando nosotros mismos no podemos cambiarnos personalmente y entender que nuestro accionar marca la diferencia que esperamos. En el momento que concibamos como nuestras acciones impactan a los otros y que nuestra responsabilidad va mucho más allá de satisfacernos personalmente, comenzaremos el cambio que necesitamos. No son solo los políticos los que deben cambiar. No se trata solo de un tema económico o social. Lo más grave está en el aspecto moral. Se trata de un tema colectivo que demanda de todos nosotros una radical modificación de pensamiento y acción. Si de verdad queremos un país diferente, debemos comenzar por cambiar nosotros nuestra visión del mismo. Abandonar esas posturas egoístas donde yo soy el primero, donde la viveza y el timo son una manera de vida y que dan pie a la corrupción y la trampa.

Convirtámonos en ciudadanos con principios éticos y morales de altura. Donde el servicio y la atención entre todos sea la consigna y la generosidad y el respeto nuestra bandera.
Debemos dar ejemplo de civilidad en cada uno de nuestros accionares.

Así sí se puede.

Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

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