LA AVENTURA DE LA VIDA y cómo no dejar pasar lo hermoso.
“Un viajero poseedor de un mapa que solo revela el
siguiente paso y un camino que se desvanece instantáneamente tras sus pies. En
su inicio, el protagonista sucumbe a las trampas comunes de la existencia: la
prisa por consumirlo todo y la indecisión que conduce a la pérdida de
oportunidades irrepetibles. Al observar a otros perderse en la nostalgia de lo
que ya no existe o intentar construir permanencia sobre un suelo que siempre se
desplaza, el viajero comprende que el valor de la aventura no radica en el destino,
sino en la consciencia plena con la que se transita cada tramo del recorrido.
Finalmente, el relato culmina en una poderosa epifanía
sobre la naturaleza de la vida, definida aquí como un 'puente de cristal': una
estructura tan brillante y mágica como frágil y efímera. Al despojarse de la
carga material y de la ansiedad por el futuro, el viajero descubre que la
verdadera riqueza no reside en lo que se acumula, sino en la intensidad de los
recuerdos vividos. Esta metáfora nos invita a aceptar la fugacidad del tiempo,
recordándonos que la magia de nuestra existencia ocurre únicamente en el breve
espacio que ocupamos entre el paso que acabamos de dar y el que está por
venir”. Edwin H. Friedman.
Vamos por la vida buscando el éxito, el tesoro más
importante que cada uno de nosotros nos podemos imaginar. Desde jóvenes, o bien
por iniciativa propia, o producto de la familia y sociedad, nos embarcamos en
cruzadas que muchas veces no nos llevan al destino final. Lo queremos todo:
profesión, riquezas, amor, reconocimiento y cada una de las emociones que nos
hacen presentir que estamos cerca del anhelado premio.
Mientras tanto, la vida pasa en cada momento; día a día
vivimos experiencias, buenas o malas, pero significativas, que dejamos pasar a
la espera del botín mayor. La aventura está allí pero no la vemos; aunque en
muchas de las ocasiones disfrutamos de esos momentos, no los identificamos como
valederos y valiosos. No los atesoramos y dejamos pasar oportunidades que
luego, con el tiempo, se convierten en pequeños tesoros de nuestra vida y, tal
vez de manera tardía, les damos el justo valor que se merecen.
Encontrar la felicidad es reconocer esos pequeños
momentos, valorarlos y atesorarlos: un momento con la familia y los primeros
pasos de nuestro hijo, esa cena divertida con tu pareja donde la pasaron
fenomenal, asistir al acto del cole y compartir con los compañeros, la alegría
de tus hijos al llegar la primera mascota a casa, el momento de conexión con
los compañeros de trabajo, la celebración del éxito en un proyecto que parecía
difícil.
Esas pueden ser actividades cotidianas que pasan
desapercibidas, que las vivimos en su momento y que no las valoramos en su
justa medida porque, en una opinión más exigente, no nos acercan a la
felicidad.
A partir de ahora, vive cada momento, disfruta la vida en
cada acción que se te presente. La felicidad y el éxito pueden ser algo tan
sencillo como llegar a casa y tener alguien que se alegre al recibirte.
Disfruta cada momento sin mirar atrás, que el valor de la aventura no radica en
el destino, sino en cada paso que damos en la travesía.
Saludos.
Arnaldo
García Pérez
@arnaldogarciap

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