Estética
de la decadencia: El peligro de confundir la vulgaridad con la autenticidad.
"Nos
hemos acostumbrado a celebrar lo que debería darnos vergüenza. Bajo la excusa
de la 'autenticidad' y lo 'orgánico', hemos permitido que la ordinariez se
convierta en nuestra nueva moneda de cambio. Hoy, el éxito digital parece
medirse por la capacidad de degradar el lenguaje, transformando la vulgaridad
en un espectáculo rentable. A este fenómeno lo llamo la Estética de la
Decadencia: un proceso donde el ruido sustituye al ingenio y donde, en el
afán por un clic, estamos hipotecando la dignidad de nuestra cultura ante los
ojos del mundo."
A
menudo escuchamos que el lenguaje es algo "superficial", que las
palabras se las lleva el viento o que hablar de cierta forma es simplemente
parte de nuestra "esencia" caribeña. Pero hay una realidad que no
podemos seguir ignorando: la palabra construye realidades.
Se
ha instalado una fórmula peligrosa en las redes sociales: a mayor uso de la
vulgaridad y el insulto, mayor es el número de reproducciones. Muchos creadores,
llámelos influencers o comediantes, han caído en la trampa de creer que ser
"orgánico" o "auténtico" es sinónimo de ser maleducado. Han
confundido la cercanía con la estridencia, y el humor con la degradación.
El
lenguaje no es un accesorio; es la estructura de nuestro pensamiento. Cuando un
comunicador con millones de seguidores normaliza la vulgaridad, no solo está
entreteniendo, está validando un código de conducta. Está enviando un mensaje
implícito, especialmente a los más jóvenes, de que la inteligencia y la
educación son aburridas, y que el camino más corto hacia la relevancia es el
ruido y la falta de clase.
Entiendo
perfectamente cómo funciona el algoritmo. La vulgaridad genera una reacción
inmediata; es un chispazo que atrae la atención porque apela a lo básico. Sin
embargo, hay una diferencia abismal entre ser un entretenedor y ser un líder de
opinión. Si tienes a 100,000 o un millón de personas escuchándote, ya no solo
estás haciendo chistes; estás educando.
Mi
invitación a los creadores de contenido es a elevar el nivel. El humor
inteligente, el comentario agudo y la crítica constructiva requieren más
ingenio que la grosería gratuita, pero tienen un impacto mucho más duradero. No
se trata de censura, se trata de autorregulación ética. Se trata de
preguntarse antes de publicar: ¿Esto que estoy diciendo ayuda a que nos
respeten más o contribuye a que nos sigan viendo con lástima o prejuicio?
Y
a ti, que consumes ese contenido, te recuerdo que tu "like" es un
voto. Cada vez que aplaudimos lo que nos degrada, estamos financiando nuestra
propia pérdida de valores.
Nuestra
voz es nuestra carta de presentación ante el mundo. Asegurémonos de que, cuando
hablemos, lo que se escuche sea nuestra altura y no nuestras carencias. Al
final del día, lo que publicamos dice mucho más de nosotros que de los demás.
#tuvoztubandera
Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap

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