SOBRIEDAD DIGITAL

Dinamarca es noticia a nivel mundial, y no precisamente por el tema de Groenlandia o Donald Trump. Revisando un reportaje del grupo EnFoco, enviado por un amigo, nos enteramos de una decisión trascendental para el futuro de las sociedades, que comienza a gestarse —aún con timidez— en esa nación.

El gobierno ha prohibido el uso de teléfonos móviles en los colegios como parte de una campaña orientada a acercar a niños y jóvenes a encuentros reales. Tras demostrar que adolescentes de entre 13 y 18 años pasan más de cinco horas diarias pegados a sus dispositivos, y que padecen una alarmante dificultad de concentración, decidieron dar un paso atrás: volver a los libros de texto tradicionales (entiéndase, de papel) y estimular la interacción directa entre los jóvenes, dosificando el uso de móviles y computadoras.

Luego de haber sido uno de los países considerados pioneros digitales, su preocupación ha llegado al punto de auspiciar la limitación del tiempo frente a pantallas en todos los niveles. Incluso han decretado un “Día Nacional sin Teléfonos”, en un movimiento que persigue, a largo plazo, restringir severamente el uso de redes sociales entre los jóvenes. El objetivo es que las nuevas generaciones crezcan en entornos claramente distintos a los actuales. Leer, escribir, jugar en el patio, conversar e intercambiar impresiones reales son algunos de los beneficios que esperan recuperar.

Estamos, sin duda, ante un cambio radical de paradigma. La Comunidad Europea ya comienza a hacerse eco de esta iniciativa, considerando la posibilidad de emular las políticas de Dinamarca en otros países.

Esto nos deja una pregunta inevitable: ¿cómo nos sentimos ante medidas como estas? ¿Cuánto estamos dispuestos a sacrificar de nuestra embriaguez digital? ¿Hemos contabilizado, aunque sea una vez, el tiempo que consumimos día tras día frente al móvil y la verdadera rentabilidad de ese uso? Estoy seguro de que, en la mayoría de los casos, la respuesta es no.

Por ello te propongo un ejercicio sencillo. Busca en tu dispositivo móvil la sección de Ajustes y accede a Bienestar Digital. Allí descubrirás cuánto tiempo inviertes cada día en conexión y cuáles son las aplicaciones que más utilizas. Muy probablemente te sorprenderá la cantidad de horas que, sin notarlo, has “quemado” junto a tu teléfono. Te atreves?

Ahora que conoces tu realidad, te invito a hacer un esfuerzo consciente por administrar ese tiempo de forma más productiva. Propónte reducir al menos una hora diaria el consumo registrado y redistribuir mejor el uso de tus redes. Ese tiempo recuperado inviértelo en conversar en familia, leer un buen libro o simplemente practicar el ocio productivo. Verás cómo, en poco tiempo, comenzarás a cosechar una mejor relación contigo mismo y con los demás.

Hagamos de la sobriedad digital un estilo de vida y un cambio de forma. Invitemos, a través del ejemplo, a hijos, parejas, nietos y familiares a invertir en tiempo de calidad en cada interacción. Al final, estoy seguro de que habremos ganado una batalla invisible y silenciosa contra uno de los grandes enemigos y distractores de nuestras sociedades modernas.

Ser y estar será nuestra consigna.

Saludos

Arnaldo García Pérez

@arnaldogarciap

Comentarios

Entradas populares de este blog