EL AMOR NO ES UN SENTIMIENTO, ES UNA ENTREGA
“Un hombre guardaba un frasco de perfume carísimo. Lo
cuidaba tanto que nunca lo abría, temiendo que el aroma se perdiera. Con el
tiempo, el perfume se secó y el frasco se volvió una pieza de vidrio inútil.
Cerca de allí, una mujer rompió su propio frasco para ungir los pies de un
viajero cansado. En ese momento, el frasco dejó de existir, pero el aroma llenó
toda la casa y se quedó en la memoria de quienes estaban allí para siempre y
como anécdota para la posteridad. Para que el perfume cumpla su propósito, el
frasco tiene que romperse.” (adaptación con Gémini)
Muchos pensamos en el domingo de resurrección como un
evento mágico o milagroso, olvidando que este suceso es la culminación, o el
principio, de una historia que comenzó mucho antes y tuvo su clímax tres días
antes en la cruz, con una entrega total y su sufrimiento. La tumba vacía nos revela el triunfo de la
vida, no por suerte, sino producto de un amor que venció al ego. Jesús nos
enseñó que el amor no es algo que se siente, es algo que se hace. Significa
vaciarnos de nuestras vanidades —ese deseo de tener siempre la razón o de ser
el centro de atención— para dejar espacio a los demás.
Pero esa capacidad de sacrificio no nace espontáneamente,
Nadie se levanta un día siendo capaz de sacrificarse por completo si no ha
practicado antes. La bondad moral es nuestro entrenamiento cotidiano y comienza
con acciones sencillas de nuestro día a día: Practicar la amabilidad y cortesía
con cualquiera que nos topemos en el camino. Ser amable con quien nos molesta.
Ayudar sin que nadie se entere o ceder nuestro tiempo cuando estamos cansados.
Escuchar con empatía a nuestros seres queridos, son las rutinas de nuestro
entrenamiento espiritual en ese gimnasio moral que es la vida.
Este proceso de evolución es necesario. No podemos saltar
de ser egoístas a ser héroes de la noche a la mañana. La vida nos da pequeñas
oportunidades diarias para ir rompiendo, poco a poco, la cáscara de nuestro
orgullo. Sin embargo, debemos ser honestos: el entrenamiento no sirve de nada
si no estamos dispuestos a enfrentar el "momento de quiebre". La
verdadera prueba de amor llega cuando servir al otro nos cuesta algo real:
nuestra comodidad, nuestro tiempo, nuestro dinero o nuestro prestigio.
Si solo somos buenos cuando nos conviene, no estamos
evolucionando, solo estamos siendo educados. El amor que transforma el mundo es
el que imita a Jesús: un amor que no busca reconocimiento y que entiende que,
al entregarnos por los demás, no estamos perdiendo nada, sino que finalmente
estamos ganando la verdadera vida.
Al final, la tumba vacía nos deja un mensaje claro: solo
lo que se entrega por amor tiene el poder de vencer a la muerte y permanecer
para siempre.
"Que tu mano derecha no sepa
lo que hace tu izquierda” (Mateo 6:3)
Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap
.png)
Comentarios
Publicar un comentario