LAS BOMBAS DE LA ILUSIÓN Las palabras tienen un poder silencioso pero profundo. Basta pronunciarlas para que, casi sin darnos cuenta, nuestra mente complete el significado. Si alguien dice hambre , pensamos en comida. Si dice calmante , lo asociamos al dolor y a su alivio. Y si escuchamos la palabra bombas , la imagen es inmediata: guerra, destrucción, muerte. No necesitamos más contexto; la asociación es automática. Así funciona nuestro lenguaje interno, moldeado por la experiencia y la repetición. El día de ayer Venezuela ha vuelto a escuchar y sentir esa palabra cargada de sombras. Hubo un bombardeo. Hubo pérdidas humanas. Y, como siempre debería ocurrir, lo primero es lamentar profundamente cada vida que se apaga, sin importar el bando, el uniforme o la ideología. La muerte nunca es una victoria. Nunca debería serlo. Sin embargo, más allá del estruendo y del impacto emocional inmediato, estas bombas no solo han dejado escombros físicos: también han detonado algo más sutil y pel...