ENTRE LA LOCURA Y LA CORDURA


ENTRE LA LOCURA Y LA CORDURA
“Como buena psicóloga que era, ella sabía que la locura no se podía explicar en términos absolutos, sino que lo mejor era dibujar una línea y poner en un extremo la cordura y, en el otro, la locura.
Ese sistema le permitía ubicar a cada uno de sus pacientes en un lugar de esa línea. Unos se encontraban más en el centro, otros con tendencia hacia un extremo y, otros, con tendencia hacia el extremo opuesto. Además, no siempre se mantenían en la misma posición, en función de las circunstancias de cada uno, estos se iban moviendo por esa línea a lo largo de su vida. Por tanto, la locura era algo relativo, relativo a cada persona y sus circunstancias. Pero, ¿existía un punto exacto de equilibrio para ella misma? Pues sí, era aquel en el que se posicionaba en cada momento, porque a veces se subía sobre esa línea cual equilibrista, otras veces la utilizaba para saltar a la comba, había ocasiones en que hacía un lazo al estilo del oeste y lo lanzaba al viento, e incluso en otros momentos la recogía y la guardaba en un cajón del que solo ella tenía la llave. Entonces llegó el día en el que decidió que estaba demasiado cuerda para un mundo tan sumamente loco o, quizás, demasiado loca para un mundo enfermizamente cuerdo, así que hizo una soga con la delgada línea entre la locura y la cordura, la ató a una viga y se ahorcó. Fue su mayor momento de lucidez”. (Sagrario García Sanz)
Hablar de locura o de cordura es un tema de absoluta profundidad o destemplada ligereza. No existe, aunque tengan definiciones establecidas, parámetros reales o verdaderos para todos nosotros, de los limites de un concepto o de otro. Cuando hablamos de locura, nos referimos a aquellas conductas que, según la razón o la norma, están fuera de ella. Son aquellas personas que, conscientes o inconscientes mantienen conductas alejadas del común de su comunidad. Y hasta esto debemos tomarlo en consideración cuando intentamos catalogar a una persona o grupo en alguno de los dos extremos. Dependiendo de los valores y principios que una civilización tenga, existen patrones de conductas dentro o fuera de sus normas.
Podríamos decir entonces, desde esta perspectiva simplista que, tal vez el primer brote de locura lo tuvo Eva cuando decidió romper las normas y probar la apetitosa manzana. O Caín como el primer transgresor grave de la norma cuando decide asesinar a su hermano. Sin embargo, entre la locura y la cordura existen límites tan frágiles que no sabemos cómo definirlos, o lo mas importante, definirlos depende de la perspectiva de cada quien.
Cuando un gobernante le informa a “su pueblo”, desde su fantasía (o estrategia mediática) que están inmersos en una guerra económica, producto de un bloqueo diabólico de fuerzas extranjeras, que le impiden ejercer acciones para el desarrollo y porvenir, y este pueblo, en una proporción interesante y que además y penosamente, sufre las consecuencias de esa tragedia, se lo cree fervientemente y lo defiende de posiciones contrarias, podemos preguntarnos: ¿estamos en un escenario de locura? O peor aún, son locos los restantes y mayoritarios ciudadanos que, ¿aunque saben que la fantasía es un cuento chino y de estrategia no logran convencer a nadie de lo que en su realidad es la verdad?
Tenemos la obligación de mantenernos lo mas cuerdos posibles en todo este marco de locura. En una sociedad actual de antivalores, nuestros principios y creencias deben mantenerse a flote y esperar el resurgimiento de la razón y la lógica. Es un trabajo colectivo donde cada uno tiene un rol vital de comunicar, razonar, explicar y convencer de que existe una mejor forma de vivir.
Mantengámonos en el extremo de la cordura.
Saludos
Arnaldo García Pérez
@arnaldogarciap
www.arnaldogarciap.blogspot.com








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